N° 7

NUGAS MORONENSES

 < poemas y alguna otra cosa >

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N° 7

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Redacción:

RADULFUS

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Magno conatu, magnas nugas

2021 – Moroniae

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ÍNDICE

Presentación                                                                                 

Leo Grammaticus. Filosofía del lavacopas (poema)        

Ángeles Auliel. Sé paciente (poema)                                             

Sergio Sologuren. Malevaje moderno (soneto)                                                  

Jorge Botas. «El gorrión” (poema)                    

Jorge Palma. Los niños ebrios (poema)                                        

Felipe Hendriksen. 30 de abril, 1945 a.C. (relato)    

Ángeles Auliel. La vertiente (relato)                       

Minucias moronenses                                                             

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PRESENTACIÓN

            Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

            Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

                                                                                              RADULFUS

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FILOSOFÍA DEL LAVACOPAS

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Hoy me comentaste

que por un momento

entendías a los suicidas

cuando lavabas los platos.

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Advertías lo tedioso y absurdo

de la limpieza repetida

día tras día.

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Te respondí que,

visto desde otro lado,

no había nada más glorioso

que lavar los platos

después de una pelea doméstica.

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El otro, el que no lava,

queda reducido

a la más abyecta condición,

como inepto, vil e indeseable.

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En cambio,

quien se puso a lavar los platos

se siente rápidamente mejor,

a la par que crece la espuma,

y cada plato lavado

es un cachetazo

en la cara del contendiente.

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¿Pero si el otro se pone a barrer?

Me espetaste.

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Eso no cuenta, respondí.

Quien barre

corre la suerte de la mugre

removiendo la inmundicia

a ras del piso,

sin honor alguno.

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Mientras que

quien lava los platos

lo hace a la altura de sus manos

en una posición natural

y conveniente,

regocijándose en la victoria obtenida

y dejando todo brillante

para la cena,

en la que por supuesto

no habrá lugar

para reconciliación alguna,

pero de la que sin duda saldrán

nuevos y maravillosos platos

por lavar.

                                                                       LEO GRAMMATICUS

LA VIDA DE UN BACHERO ES ASI - YouTube

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SÉ PACIENTE

La paciencia es un árbol de raíz amarga

                 pero de frutos muy dulces.

                                            Proverbio

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Sé paciente

amarga es la raíz de la simiente.

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Sé paciente,

la araña se entrega a su labor

y gracias a ella

el alimento obtiene a su favor.

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Sé paciente,

la rosa en color y espinas crece,

el que bien entiende

observa y se fortalece.

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Sé paciente,

el agua del arroyo es fresca,

si no cambia ni enturbia

en ella pesca.

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Sé paciente

amarga es la raíz de la simiente.

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Sé paciente,

la oruga sin monotonía muda,

el verde por brillante trueca

mas, en breve, su vida es nula.

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Sé paciente,

la mala hierba de la casa,

el cardo que asedia

es comido en la batalla.

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Sé paciente,

la piedra que en el zapato es molesta

e incómodo te deja,

en el sabio es gema.

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Sé paciente

amarga es la raíz de la simiente,

mas el fruto brotado

que al tiempo inclemente

ha derrotado,

dulce sabe en tu vientre.

                                                           ÁNGELES AULIEL

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MALEVAJE MODERNO

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El malevo de aura es un tipo duro:

no usa funyi ni facón. Va de traje

fumándose las cuatro horas de viaje

para llegar tempranito al laburo.

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Al paso, gargajea de colmillo

y aguantiña la fule del estrés.

Con mate y stevia da vuelta al revés

y se ajusta en la terraza un tornillo.

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El malevo es del uaifái y de internet.

Si tiene familia, no hablés de farra:

mandale rosca al fulbo y se emociona,

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chamuyale de morfadas, que agarra.

El taura mezcla el tango con Arjona,

va en curda de manaos con fernet.

                                                           SERGIO SOLOGUREN

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EL GORRIÓN

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Se ha posado un gorrión en mi ventana

del barrio de Palermo, cuarto piso.

No tuvo que anunciarse, solo lo hizo,

es viernes, nueve y cuarto, de mañana.

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Con total desenfado me observaba,

cosa que yo respete la distancia.

Todo mi ser ya estaba, en esta instancia,

cautivo de ese show que me brindaba.

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Sentí que el tiempo, allí, se detenía,

mi mente se metió en la del alado,

volamos como dos desfachatados,

ni ganas de volverme yo tenía.

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La libertad es su mayor tesoro

y vaya que él bien eso lo sabía,

porteño como pocos se sentía…

describo ese paseo y ya lo añoro.

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Buenos Aires se ve tan diferente

desde donde la observa un pajarito,

que es cierto que es bastante compadrito,

igual que quien les habla, soy consciente.

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En eso y sin quererlo todavía,

volví a encontrarme en casa y el gorrión,

ya desde la baranda del balcón

echó a volar y así se despedía.

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Hay que saber ponerse en otro lado

y pensar como el otro pensaría.

El término adecuado es «empatía»

y un mágico gorrión me lo ha mostrado.

                                                                       JORGE BOTAS       

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            Agradecemos a este autor, argentino actual, su permiso para reproducir este poema, que conjuga el lirismo con la reflexión ante un hecho puntual de la vida cotidiana. Las aves son muy caras a nosotros y representan muchas ideas que siempre nos animan. Una de ellas, la libertad. En el caso de estas aves sarmientinas (en realidad, de misterioso origen), si bien no resisten el cautiverio, se acercan bastante a nosotros y buscan la comida que sabemos darles. Quizás por esto el poeta se anima a volar con uno de ellos e imagina cómo sería tal visión del mundo. El poema se encuentra en Estados de ánimo, publicado por Editorial Dunken. [Radulfus]

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LOS NIÑOS EBRIOS

Ayer, si mal no recuerdo                           Heri, si non male memini
bajaban hacia el río                                    in flumen descendebant
niños ebrios                                                 ebrii pueri,
gritando con voz de hombres.                  voce virorum clamantes.

Iban golpeando el aire                               Aera tundebant
caliente dentro                                            calidum nubem
de una nube de polvo                               intra pulveris,
anunciando de a ratos                               paulatim nuntiantes
el oscuro perfil                                            cuiusdam tonitrus
de un trueno.                                               obscurum latus.

Iban corriendo                                             per caelorum suburbia
por los suburbios                                       currebant,
del cielo                                                       cum in gutture
cuando ardía                                                           ardebat
en la garganta                                              vini
un olvidado gusto                                      peramari
a vino amargo                                             gustus oblitus…
y amanecía.                                                  Lucescebatque…

                        JORGE PALMA

Jorge Palma, destacado escritor y periodista oriental, ya es un amigo de nosotros. Vuelvo a agradecerle su presencia en estas páginas; en esta ocasión, con un poema muy profundo, a mi modo de ver, que mueve al lector, y a sí mismo, a la piedad, sin dar los fáciles golpes bajos de los políticos. Disculpen Jorge y el lector mi elección de la imagen: es una simple asociación con los gratos recuerdos que tengo de los ríos uruguayos que, imagino yo, sabrán ser cobijo para todos los niños. También encontrarán, paralelo al original, que me he tomado la libertad de intentar una versión latina. [Radulfus]

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30 de abril, 1945 a.C.

En el secreto y húmedo sótano de su castillo, Zhou lamentaba su suerte. Había gozado del beneplácito de su pueblo hasta hacía unas semanas, cuando la guerra que enfrentaba a China con una coalición de reinos no menores pero sí inferiores había dado un vuelco: en su infinita ambición, el rey había intentado conquistar una antigua y magna ciudad de un lejano imperio, pero todas sus tropas habían sucumbido ante los áridos días y las gélidas noches de aquel desierto misterioso que a Zhou se le hacía tan imprescindible dominar.  

            Ya había sido derrotado, pero las consecuencias todavía no se hacían notar: faltaba un tiempo (no mucho) para que las huestes enemigas cercaran la capital y lo apresaran, para que lo decapitaran en la plaza pública ante los ojos temerosos de los chinos, para que desfilaran su cuerpo muerto por las calles de tierra, para que dieran de comer sus restos a los hambrientos perros de Pekín. Su derrota era virtual, pero no por eso menos real. Le quedaba poco por hacer más que esperar. A menos que…

            Lo decidió repentinamente. Llamó a su secretario y a su esposa. A ambos les explicó la situación y lo que debían hacer a continuación. Ambos accedieron, acaso porque no les quedaba otra opción. Celebraron una humilde última cena y la pareja real se retiró a su cuarto. Desde allí pudieron escuchar los gritos del secretario. La reina pareció dudar, pero Zhou le prometió que en la otra vida volverían a ser reyes y que esta vez sí ganarían la guerra santa. Los dos tomaron el veneno y recibieron al sacerdote, que había estado bendiciéndolo todo desde el umbral. Éste leyó unos versos sagrados y encomendó sus almas a la misteriosa deidad que regía los destinos de los hombres en la tierra y el más allá. Entonces le preguntó al rey, que ya sufría los efectos del veneno, lo que se tenía por costumbre preguntarles a las almas que estaban por ascender:

—¿Te arrepentís de lo que has hecho?

Zhou no dudó un segundo:

—No. 

Muere sin saber que su muerte es espejo de otra.

FELIPE HENDRIKSEN

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LA VERTIENTE

Me llamaban Negrita. Cuando Ana era una recién nacida me llevaron con ella. Ella me quiso y nos hicimos inseparables. A veces me dejaba olvidada en el suelo pero luego venía, me abrazaba y me llevaba. No tengo memoria de mi historia sin ella.

            Aquel día, íbamos al valle a visitar a la Virgen. Ella también es negrita, me le parezco. Íbamos en un colectivo que era un cacharro. Hacía ruido por todos lados y la marcha era lenta. Hacía mucho calor. Anita me había vestido con ropa liviana y clara. Así íbamos. Me contaba del paisaje, me decía: “Mirá, viste qué hermoso.” Y me mostraba el panorama detrás del vidrio. Me hablaba sobre lo maravillada que estaba al ver tanta naturaleza junta, que era la primera vez que viajaba por allí. Me susurraba: “Quiero llegar pronto, quiero conocer a mi protegedora.” En palabras casi inaudibles, me confesaba que quería ver el recordatorio. El recordatorio era una plaqueta de bronce que sus padres habían hecho colocar en la gruta de la virgen. Ellos eran muy devotos y, cuando Anita salió bien, su fe se hizo más grande. Por eso íbamos.

            Ana tenía menos de dos años cuando enfermó. Estuvo en cama cerca de ocho meses; los días se contaban por las llegadas del médico. Las rutinas, la medicación, la espera. Y el murmullo. El murmullo de las religiosas que rezaban el rosario. Cada tarde se reunían para que la virgen intercediera por mi Anita. Una vez, ella en secreto me dijo esos rosarios y la Virgen negra me salvaron.

            El coche iba lento y de repente pum… caí. Anita me levantó, me preguntó: “¿Te golpeaste?”; y me abrazó. El movimiento se había detenido. El chofer gritó abajo y el papá de Ana la tomó de la mano y bajamos. En ese momento, sin que mediaran las ventanas, miré a mi alrededor: la vastedad ante mis ojos era tan inmensa que superaba lo que pudiera haber imaginado. El vacío que me habitaba se llenó de esta visión única que me entregaba su totalidad. Vi la ruta, testimonio del paso de la civilización, lo rocoso de la superficie con su vida latiendo debajo y, lejos, el primoroso verde centelleante al sol.

            Caminamos a la vera de la ruta unos metros, hasta el parador que habíamos pasado. Cuando llegamos, Anita me sentó en el suelo con ella. La multitud de pasajeros reunida nos impedía disfrutar la vista. “Vení Anita”, le dijo su papá y ella lo siguió, llevándome. Los tres bajamos la ladera, tenía una senda demarcada por las huellas de anteriores caminantes. La vegetación era escasa y agreste. Al final de la senda había un arroyo: la vertiente parecía venir del interior de la roca. Oí el fluir de la corriente cerca, me estremecí hondamente.

            Ana me había dejado sentada en una roca frente a la montaña. Así, de cara al muro que era la piedra, me preguntaba sobre la vida secreta de las cosas inanimadas. Mientras miraba perdida la montaña, Anita me agarró y me dijo: “Vení, vamos a chapucear; papá me dejó.” Se sacó los zapatos y me llevó al agua. Con los pies sumergidos, me hizo hacer la plancha: vi el cielo teñido de azul con unas hilachas de pájaros atravesándolo. Una paz innominada rodeaba aún ese lugar. “Anita, Anita”, escuché decir. Sus manos me soltaron y la fuerza de la corriente me arrastró. Las últimas palabras de Ana que oí fueron: “Ahí voy, pa.” En el viaje que me ofrecía la corriente cristalina y con el sol del mediodía mirándome fijo, pude percibir los nombres latentes en la naturaleza.

ÁNGELES AULIEL

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MINUCIAS MORONENSES

Una cosilla más sobre Jorge Palma

                En este número publicamos “Los niños ebrios”, del poeta Jorge Palma. Quiero añadir solo una cosa sobre él. Entrando a su blog: http://www.jorgepalma.com.uy/el_autor.html#:~:text=Jorge%20Palma%2C%20nace%20en%20Montevideo,(escritura%20narrativa%20y%20poes%C3%ADa).),

Leo allí lo siguiente: “Escribo a mano, siempre. La primera versión es siempre a mano, me gusta, me seduce. Me permite trabajar plásticamente las ideas, moldearlas en caliente, suprimir algo inadecuado a la velocidad de un rayo y seguir trabajando, dándole forma a algo que se impone, a lo cual es casi imposible no obedecer. Luego más frío lo paso a la computadora, donde es más fácil corregir. Tengo cinco máquinas de escribir. Me gusta el sonido de las teclas, peleando por imponerse, pedaleando. Me acompañan, alguna desde siempre.”

Disculpe el lector, si me pongo contento de escuchar a uno de los míos. Pero con una diferencia: mis máquinas de escribir solo son dos (una es para escribir en griego, de la cual me valí bastantes años, tiempo atrás). En fin, recuerdos paleontológicos que tenemos este amigo oriental y un humilde servidor. [Radulfus]

Una parecida a esta tengo yo,
con su caja de madera

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¡Se recibió Leo Grammaticus!

            Nuestro amigo Leo Grammaticus, almus pater de estas Nugas, se recibió de profesor en la carrera de Letras de nuestra querida Universidad de Morón. Si bien es cierto que ya venía dando clase, el título –no abrigo dudas– le abrirá nuevas puertas en la docencia, en el estudio, en la investigación. Deseo alabarlo aquí con unos simples versillos latinos.

                                   Multas vias cucurristi

                                   in tua tenera adhuc vita:

                                   nunc alia est tibi incipienda,

                                   quae per aspera te ducat

                                   ad astra bonae sapientiae.

                                   Perge, amice, refovendo

                                   perennem humanitatem!

            [Corriste muchos caminos / en tu vida todavía tierna: / ahora deberás

            empezar otro, / que a través de asperezas / te llevará a los astros de la

            sabiduría. / Sigue, amigo, cultivando / el humanismo perenne.]

            Para poner fin a este homenaje, pregunté a este querido exalumno y gran colaborador de nuestras Nugas qué poema elegiría para celebrar su recibimiento. El elegido fue el siguiente, de un conocido poeta español de hoy. [Radulfus]

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TODA LA DICHA CABE EN UNA LÁGRIMA

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Fortalecido en la traición, el cuerpo

contempla un día la frustrada huella

de la felicidad, fuego engendrado

en cautelosa nieve, donde sólo

perviven ya rescoldos, momentáneos

delirios, rebeldías, simulacros

de desnuda agresión. Estéril

ya el olvido, toda la dicha cabe

en una lágrima, toda la culpa

en un recuerdo.

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Así la carne yergue

su gastada mentira frente al rostro

fugaz de la verdad, emblema despiadado

de lo que no se puede poseer,

pasión que muere cuando está naciendo.

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

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Chascarrillos literarios

Me gustaría que cada número terminara con algunos chistecitos literarios (o quizá culturosos). Va el intento.

            Comenzamos con dos de Exiguo Rodríguez. Uno, ¿en qué lugar de la Provincia de Buenos Aires quiere vivir Aracne? En Carlos Tejedor.

            El otro, ¿cuál es el cantante más latino? Ritchie Valens.

            Roberto Piras pregunta: “¿Cuál es el agua mineral preferida por Gigliola Cinquetti, Claudio Villa, Bobby solo y Domenico Modugno?” Responde: “Grafías, aparte, Villa San Remo.”

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            Leo Grammaticus nos recuerda cómo se dice detective en guaraní: “Averiguaré.”

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            Y, para terminar este número, tenemos que señalar un grave error. Hay en efecto unas galletitas dinarmarquesas…

            Sí, muy grave error, pues deberían llamarse Hamlet

N° 6

NUGAS MORONENSES

 < poemas y alguna otra cosa >

* Número en buena parte dedicado a letras uruguayas *

N° 6

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Redacción:

RADULFUS

Grammatikus

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Magno conatu, magnas nugas

2020 – Moroniae

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ÍNDICE

Presentación

“Doloroso recuerdo” de Ramón de Santiago (poema)                   

Jorge Palma. “Morar y demorar” (poema)                                     

Gerardo Molina. “Montrouge” (poema)                                         

“En el Coliseo de Roma” de Juan Zorrilla de San Martín              

Silvia Noemí Fournier. Sobre un soneto de Rodó                            

Washington Bado. La balada del pescador                                    

Grammatikus. Algunos placeres uruguayos                                    

La foto de este número                                                                  

Minucias moronenses                                                                     

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PRESENTACIÓN

            Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

            Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

                                                                                              RADULFUS

401430

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DOLOROSO RECUERDO

            De dos hermanos que el rencor ahogaba

            sangrienta vi la lucha cierto día,

            mientras la madre, que infeliz gemía,

            por separar sus armas se esforzaba.

            Insensata, la turba les llamaba

            lidiadores hercúleos, y aplaudía;

            pero la madre de pesar moría

            y su llanto de sangre derramaba.

            Cayó el uno, por fin, desfalleciente;

            muy digno el otro se creyó de gloria

            y hacia los cielos levantó la frente.

            ¡Ay! Algún día nos dirá la historia

            que aquella madre en su dolor vehemente

            la derrota maldijo y la victoria.

                                                           RAMÓN DE SANTIAGO[1]

[1] Este texto lo obtengo de una viejísima antología de sonetos. El autor (1831-1900) nació en Montevideo y fue poeta y periodista. Según creo recordar, leí en un libro de María Ester Vázquez que la única vez que Borges presenció un duelo real fue en el Uruguay. No sé si interpreto bien a nuestro escritor, pero creo que hay una belleza en el duelo, en el combate individual (no digo que lo apruebe, que lo promueva o que lo defienda). En fin, Ramón de Santiago nos habla de ciertos Etéocles y Polinices ignotos de la vecina orilla… y de una Yocasta. [Radulfus]

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MORAR Y DEMORAR

Quiero creer que los hombres
no mueren lejos de su patria.
Que los cielos de la infancia,
aquellos ojos, las tardes
que respiramos tú y yo,
las rejas de los patios
encendidos donde te besaba
viven aún en la memoria
del aire.

Quiero creer que aguardan
la sombra fresca de un
verano para regresar
o acaso cansados
de esperar el milagro
de la sangre
siguen soñando
el sueño de los locos
tan testarudos
como esos muertos
que atados a la vida
se resisten
con los huesos
a ser leyenda.                                                            JORGE PALMA[1]


[1] Este poeta y narrador uruguayo nació en 1961. Sus escritos han sido difundidos y traducidos en diversos países. Nos honra enviándonos algunos de sus poemas. Con un criterio muy personal (posiblemente equivocado) he elegido este. Según mi lectura, “Morar y demorar” nos enseña que la poesía tiene mucho de recuerdo; pero tal recuerdo se nutre de cosas personalísimas, que viven sobre todo en nuestra interioridad. Así le pasaba a aquel infatigable héroe que añoraba hasta el humo que salía de los techos de su patria. [Radulfus]

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MONTROUGE

El poeta y su musa inspiradora

Ha llegado a mi mesa

Un Montrouge

Cabernet-Sauvignon de 2011.

Vin de Pays D’Oc reza su origen.

Lo escancio lentamente,

En tanto admiro

Los reflejos purpúreos de su granate intenso

Y aspiro su cautivante perfume de grosellas.

Nada más para verme en sus viñedos

De filas paralelas que, a lo lejos,

Se unen idealmente.

Frutal, riente, Mediodía francés.

Como un haz de colores

–de graciosos chapeaux, de trenzas rubias–

Las viñadoras jóvenes deslizan

Sus frescas manos por las vides

Y cortan los racimos como un juego.

El sol, taumaturgo omnisciente

Pone pizcas de luz en cada grano

Para que, al fin, el vino tenga

El áureo premio de su bendición.

Y, cómplice del aire,

Con dorados aromas,

Acaricia los dedos de las dríades del campo.

Luego,

A la gracia y la luz del claro estío,

Los viñateros cargan sus cajones

Y, entre cantos y risas,

Guían los tractores

Al sitio del lagar.

Procesada, vertida en grandes cubas

La uva será rubíes líquidos

Y en los viejos toneles,

El vino

Dormirá su sueño de príncipe encantado

–un sueño hecho de sueños y de olvido–.

Un sorbo más. ¡Salud, Montrouge!

Cada botella –diríase– alberga un genio

Con que regalas tu alma.

Y, en veces, se deslíe en sus rubíes

La risa de tus jóvenes

–de graciosos chapeaux, de trenzas rubias–

Y en su pointe poivrée

–¡Oh punta sazonada con pimienta!–

Arde la picardía.

¡Salve Pays D’Oc!

Por tu vino frutal

De los mejores

Terroirs, de los mejores

Vinos que das al mundo

Para que éste sea

Más natural y alegre

Y vele por la vida.

                                                           GERARDO MOLINA[1]

Nota.

Vin de pays es una expresión en idioma francés, traducida directamente como “vino de país”, que es empleada también en su plural vins de pays, para denominar a una de las categorías reglamentadas de calidad de los vinos producidos en Francia.

Su equivalente en España es la categoría vinos de la tierra.

El Pays d’Oc está ubicado en el Sur de Francia.

Los viñedos son unos de los más grandes de Francia con una superficie de más de 245.000 hectáreas. Fueron creados por los griegos y romanos en la continuidad de los de la Provence.  

El viñedo está plantado en tierra batida, piedra caliza, pizarra, arenisca, melaza, aluvial.

Las principales cepas son para los vinos tintos: garnacha, monastrell, syrah, carignan, cinsault y para los vinos blancos: bourboulenc, garnacha blanca, marsanne y roussanne. (Información tomada de la Red).

[1] Este autor uruguayo actual ha tenido más de una vez la generosidad de poner a mi disposición sus escritos. En este poema sus laudes no solo son para los sabores del vino, sino también para lo mucho que este significa: por su tradición histórica y literaria, por sus valores de trabajo, por sus valores de amistad, por sus valores de inspiración. En lo personal, valoro especialmente la mirada estética de Gerardo, quien también sabe ver la belleza y la cultura que hay en el arte del diseño (trato de imitarlo en mi vida diaria). Bendita curiosidad, me dice en un correo personal: “Mi primer lauro internacional lo obtuve en un concurso que se realizó en Morón e Ituzaingó. Y por allí estuve, muy joven, por 1964.” [Radulfus]

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EN EL COLISEO DE ROMA

                        Entro en el circo, enorme calavera

                        llena de tierra y musgo y mordeduras.

                        La noche, en agujeros y hendiduras,

                        penetra, como en honda madriguera.

                        En el cielo, la luna brilla entera

                        y llueve luz, que filtra en las honduras,

                        luz silenciosa, luz de sepulturas,

                        que en el cráneo insepulto reverbera.

                        Un hálito de siglos fenecidos

                        parece que en la luz se cristaliza

                        sobre el montón de escombros carcomidos;

                        y en el silencio aquel, que atemoriza,

                        una lechuza infiel, con sus ladridos,

                        la inmensa soledad escandaliza.

                                               JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN[1]

[1] Este poeta nacional uruguayo (1855-1931), autor de Tabaré, nos invita a una Roma que ya no existe, pues era posible a cualquier hora del día, sin pagar ninguna entrada, adentrarse por los foros imperiales, por el Circo Máximo, por el Coliseo. En tales paseos la historia nos invitaba a reflexionar sobre el paso del tiempo: “Buscas en Roma a Roma…” [Radulfus]

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SOBRE UN SONETO DE RODÓ

De la dichosa edad en los albores

Amó a Perrault mi ingenua fantasía,

Mago que en torno de mi sien tendía

Gasas de luz y flecos de colores.

Del sol de adolescencia en los ardores

Fue Lamartine mi cariñoso guía.

“Jocelyn” propició, bajo la umbría

Fronda vernal, mis ocios soñadores.

Luego el bronce hugoniano arma y escuda

Al corazón, que austeridad entraña,

Cuando avanzaba en mi heredad el frío.

Amé a Cervantes. Sensación más ruda.

Busqué luego en Balzac… y hoy, ¡cosa extraña!

Vuelvo a Perrault, me reconcentro y río…

                                       JOSÉ ENRIQUE RODÓ (1871-1917)

Leí el soneto e inmediatamente vino a mi recuerdo las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau en donde expone, en su voluminosa obra, que el hombre es lenguaje (perdón por la simplicidad con que reduje esta obra colosal) y que sus lecturas lo llevan al encuentro de sí mismo; que su yo no es más que una continua creación, así como lo es la escritura, la literatura, el habla. Las palabras entonces construyen, rehacen constantemente nuestro yo. Por supuesto que hablar de la obra de Rousseau nos llevaría años; no es ese mi propósito sino hacer la relación con el soneto de Rodó. En él, en cada una de sus cuartetos y tercetos, hace alusión a diferentes etapas de la vida, niñez, juventud, madurez y vejez.

En cada una de ellas hay una lectura, un escritor que marcó sus días: Perrault, Lamartine, Victor Hugo, Cervantes y Balzac. Creo que el soneto nos invita a reflexionar acerca de la literatura y su incidencia en la formación de la vida, pero creo que también podemos leer lo no dicho; es una lírica reflexión filosófica sobre las palabras que en literatura son ficción. Por lo tanto creo que además plantea el gran problema de la verdad. Al final, en el último terceto nos cuenta que vuelve a Perrault. Hay un ciclo que se cierra, vuelve al inicio. Luego de deambular por mares de palabras, encuentra en los cuentos infantiles la candidez de la inocencia. Al final dice: “Vuelvo a Perrault, me reconcentro y río…”, se rearma al final de la vida y encuentra que la niñez es sinónimo de autenticidad. Seguiré pensando que este soneto tiene demasiadas relaciones intertextuales y filosóficas; me llevó a recordar a Rousseau.

Y el soneto siguió rondando en mi cabeza y seguí hilvanando ideas y asociando autores. Recordé el gusto del poeta por las obras grecolatinas y recordé el poemario de Chantal Maillard que se titula Matar a Platón, en relación con toda la crítica que se desarrolló alrededor de su libro La república, donde plantea echar a los poetas y su famosa frase de “secar las emociones.”

En una entrevista a la escritora, ella dice: “Yo desde luego no soy inocente, ¿lo es usted? La realidad está ahí desplegada, lo real acontece en lo abierto, en lo infinito e incomparable, pero el ansia de repetirnos instaura las verdades, toda verdad repite lo inefable, toda idea desmiente lo que ocurre pero las construimos (a las ideas) por miedo a contemplar la enorme trama de aquello que acontece en cada instante, todo lo que acontece se desborda y no estamos seguros del refugio bien pensado, es posible que Platón no sea el responsable de la historia, delegamos con gusto, por miedo o por pereza, lo que más nos importa. A lo mejor no tiene la culpa Platón, a lo mejor la cuestión está en el miedo y la pereza que nos hace constantemente sustituir lo que es válido como real por las representaciones en las cuales nos sentimos a salvo; y cuando uno lo que hace fundamentalmente es sentirse a salvo, simplemente sucumbe.”

Me pareció excelente su reflexión sobre la supuesta culpa de Platón sobre nuestra historia plagada de guerras. También opina sobre la verdad, tema que me pareció que se ligaba al soneto. En relación con la escritura que nos construye de Rousseau, una frase de Borges lo ilustra: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.”

SILVIA NOEMÍ FOURNIER

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LA BALADA DEL PESCADOR

Te llaman “la sirenita”.

       Flor de sal.

Ese pedazo de cielo en tus ojazos fijos

y ese fulgor sin luz de tu mirada

      tienen algo

         de lo que nunca verás.

Y ese caracol vacío entre tus manos

piedra perdida

  nudo de nácar

hueso del mar

sonará con el silbido gélido del viento

que nunca oirás.

Porque te llaman “la sirenita”

       siempre estarás

desnuda

encallada en la roca más profunda

y deslumbrada

con la luz del sol y las estrellas

allí

donde para siempre y nunca

nadie

te podrá encontrar.

*****

           El hombre de la playa comenzó así su relato:

“El naufragio del Tritón se produjo en febrero de 1690, a la altura de la playa de Santa Rosa, que hoy conocemos como Atlántida, en las cercanías de Montevideo. Era un galeón inglés de buen porte y bien artillado, que, por un extraño juego de intereses políticos y comerciales, había sido puesto al servicio de Portugal, para reforzar la guarnición que defendía la Colonia del Sacramento de los ataques del Gobernador de Buenos Aires, quien intentaba recuperarla para la corona española. La Colonia del Sacramento había sido fundada poco antes por el almirante Manuel de Lobo como una cabecera de puente de los portugueses en el Río de la Plata y la Banda Oriental del Río Uruguay, sobre la que pretendían derechos. Se basaban para ello en una interpretación particularmente interesada del Tratado de Tordesillas –inspirado por el Papa Alejandro Borgia– con el que se había tratado de resolver las diferencias de límites entre el imperio español y el lusitano, en suelo americano.

            La embarcación fue sorprendida por un terrible temporal de verano, de esos que caracterizan el Suralsur de la rosa náutica, la rosa de los vientos. El recién descubierto Río de la Plata –el Mar Dulce de Solís–  era en ese tiempo una de las regiones más peligrosas del mundo para la navegación, que debía hacerse en las cercanías de la costa, evitando las restingas y bancos de arena. Con el temporal que lo arrojó a los escollos el Tritón zozobró y terminó por hundirse con todos sus ocupantes, en las embravecidas aguas del Río de la Plata. Nadie pudo sobrevivir. 

            La tempestad arrojó sobre la playa los restos de la nave, parte del casco de madera y algo de la arboladura. Se pudieron recuperar algunos cañones, que fueron trasladados al fortín que poco después construyeron los españoles cerca de ese lugar, sobre la playa de Santa Rosa, algunos de los cuales permanecieron –como simple motivo de decoración– en el parador turístico del balneario que todavía lleva ese nombre.

            La embarcación no transportaba riquezas, pero la tradición recuerda que, sobre la buzarda de proa, portaba un espléndido mascarón que representaba a una sirena y que –como siempre pasa cuando se trata de leyendas– algunos dicen que era de oro.

            Después de recuperados los pocos materiales que podían ser de utilidad, los restos del maderamen quedaron abandonados sobre la playa y con el tiempo fueron sepultados por las arenas, aunque cada tanto, y sobre todo después de alguna tempestad, aún hoy suelen aparecer para curiosidad de los turistas. Pero la sirena de oro nunca apareció. O por lo menos eso nunca se supo.

            Aunque fue buscada afanosamente durante años por infinidad de buceadores en todas las cercanías del lugar, nunca se reconoció públicamente su hallazgo y lo único que se conservó fue su recuerdo que se perpetuó en el nombre con el que se conoce a la pequeña isla, frente a Atlántida, que es frecuentada por los pescadores quienes, afirman que allí se sacan los mejores pejerreyes. Es y será para siempre ‘la isla de la Sirena’ y muchos creen que en alguna de sus rocas más profundas quedó encallada para siempre.”

            Después de tomarse un breve respiro, el hombre de la playa continuó con su relato:

            “Tratándose de un barco llamado ‘Tritón’ –el viejo de los mares– no es extraño que pudiera llevar una sirena como mascarón de proa.        Originalmente, en la mitología griega, las sirenas tenían cabeza de mujer y cuerpo de ave, destino que les había impuesto Deméter, por no haber ayudado a Proserpina cuando fue raptada por Plutón. Fue durante la Edad Media, y tal vez por la influencia de otros mitos nórdicos, que se les asignó su imagen tradicional, mitad mujer y mitad pez, que ha llegado hasta nuestros días.

            Pero en lo que todas las versiones coinciden es en la atribución del poder melodioso de su canto, que atraía a los navegantes a las profundidades abismales. En la Odisea y por recomendación de Circe, Ulises tapa con cera los oídos de sus marineros cuando se acerca a ellas y él mismo se hace atar al mástil de su embarcación, para no ceder a la seducción melodiosa de su canto. ‘Ningún hombre ha franqueado estos lugares sin haber oído la voz melodiosa que escapa de nuestros labios’, le dicen. Ulises, atraído, hace señas a los remeros para que lo desaten, pero estos –sordos– siguen remando, hasta alejar a la nave de los torbellinos fatídicos de Escila y Caribdis. Y en la historia de Jasón es el inefable Orfeo el que se encarga de silenciar con su canto a las Sirenas, arrojándolas a las profundidades, para lograr que los Argonautas pudieran continuar con su aventura, en busca del Vellocino de Oro.

            Es recién con el célebre cuento de Hans Christian Andersen que una sirena, ya con el cuerpo de pez, es reconocida como un ser amable y bondadoso. ‘La sirenita, la más joven además de la más bella, poseía una voz maravillosa… casi siempre estaba cantando y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.’ Al cumplir sus quince años, fue elevada por sus hermanas desde las profundidades del mar a la superficie, para que pudiera contemplar las bellezas de la tierra y el cielo. Y es allí donde quedó cautiva de un amor imposible por un capitán náufrago a quien salvó de las aguas embravecidas. Pero el amor de la sirenita no fue correspondido por aquel capitán, que prefirió otro más humano y, entonces, Andersen pone fin a su cuento diciendo: ‘la sirenita, levantando sus brazos al cielo, por primera vez lloró.’”

*****

            El hombre de la playa pareció también poner fin a su relato. Entonces yo, que había permanecido callado, tomé la palabra:

             –¡No se tomará usted en serio esa historia de la sirena de oro! –le dije, casi gritando. Acepto que un barco que se llamaba Tritón llevara como mascarón de proa a una sirena. Pero que fuera de oro… es difícil de admitir.

Foto de una sirenita tallada en madera, propiedad
de Washington Bado, quien gentilmente nos la envía

            –No lo crea– replicó el hombre de la playa. Le hablé de razones políticas y comerciales que explicaban que un navío inglés estuviera al servicio de la corona portuguesa, pero mejor podía haberle hablado lisa y llanamente de contrabando. Inglaterra estaba en guerra con España y Portugal era por entonces lo que podríamos llamar ahora un paraíso fiscal. El capital, el dinero y los metales preciosos, jamás tuvieron ni tendrán patria. El oro podía entrar y circular en Portugal libremente y pasar al resto de Europa, sin necesidad de estar amonedado o lucir la efigie de algún rey. En esa época la Colonia del Sacramento estaba en manos de Portugal y era una especie de emporio para el contrabando hacia Europa, especialmente del oro que provenía del Perú. Esto dañaba los intereses de España, que controlaba celosamente desde Buenos Aires la navegación por el Río de la Plata. Las dificultades que esa vigilancia imponía por la extensión de su espejo de aguas fueron una de las razones que obligaron, años después, a que el gobernador Bruno Mauricio de Zabala fundara Montevideo.

            A todo eso hay que agregar el riesgo de la piratería. Por lo tanto (finalizó el hombre de la playa) ¿qué mejor idea que fundir el oro que se deseaba trasladar, bajo la forma de una sirena que se instalaría en la buzarda de proa y que pasaría por ser una simple estatua de bronce?

            Me quedé pensativo. Todo cerraba muy bien en el pensamiento del hombre de la playa.

            –¿Cree entonces de verdad que existió una sirena de oro y que nunca fue recuperada?

            –Que existió no lo dudo. Que haya sido recuperada no lo sé. Que esté encallada en el fondo del mar es posible y que todavía siga cantando para atraer a algún incauto, acompañándose con la ocarina de un caracol, como la describieron, puede caber en la percepción de algún espíritu místico que crea en lo sobrenatural.

            –No creo en esas cosas –le contesté– sólo creo en la ciencia.

            –Hablando de ciencia, quizá la física es la primera de ellas. Y me preguntó entonces: –¿Conoce usted el teorema de Bolzano? Dice así: “Si F es una función continua en un intervalo y tiene signos diferentes en los extremos del mismo, existe un punto interior al intervalo en donde la función se anula”. He leído que el premio Nobel Richard Feynman se burlaba de esa fórmula y la traducía de la siguiente manera: “Si ahora estás en la playa y luego estás buceando, en algún momento deberías haber cruzado la superficie del mar.” Sin embargo, contrariando la verdad científica de ese aserto, tal vez pueda ser posible que alguien se haya puesto a bucear en busca de algo, sin haber cruzado la superficie del mar…

            –Cómo podría ser eso, pregunté sorprendido.

            –Bueno, no olvide que la playa de Atlántida, donde se encontraron los restos del galeón, pasa por ser un lugar mágico. No es casualidad que se levantara allí una extraña construcción que en parte ha desaparecido destruida por el mar. Una extraña proa, mitad barco y mitad delfín, parecía querer hundirse en las aguas, coronada por un puente de mando donde destacaba la figura imponente de un águila de piedra. Esta última parte de la obra, mal reconstruida, es lo único que ha sobrevivido de ella. 

             –¿Y qué tiene que ver eso con la historia de la sirena de oro?, pregunté.

            –No olvide que el delfín y el águila eran los animales preferidos de Poseidón, dios del mar –el Neptuno de los romanos– y que las sirenas fueron una creación de Tritón, uno de sus hijos. ¿No cree que todo coincide?

            –Pero –razoné– ¿piensa que alguien, ahora, podría creer en esas cosas?

            –Sí –me contestó– alguien sencillo, no como usted, alguien que amara el mar y sus cosas, pudiera ser capaz de enamorarse de una sirena…y salir a buscarla. Existió ese alguien. Era un pescador de la isla que escuchó la historia y creyó en ella. Estuvo mucho tiempo sentado sobre una piedra entonando una extraña canción, una balada, que llamaba a la sirena encallada. Un día se zambulló en las aguas y no se supo más de él…

            –Es un bello relato, pero… me deja muchas dudas –le dije sonriendo.

            –Sí –me contestó–  lo admito. Porque también se habla de otro pescador que creía en la historia de la sirena de oro y, como aquel que se arrojó al mar, también desapareció misteriosamente. De este se supo, años después, que se volvió inexplicablemente rico y nunca más volvió a pescar en la Isla de la Sirena.

            (Algunos elementos de este cuento son verdaderos, otros son de ficción. Hay quienes dicen que los restos encontrados en Atlántida pertenecieron a una sumaca portuguesa llamada Santa Rosa, que le dio el nombre original a la playa. Otros afirman que por su porte pertenecieron a un navío mayor no identificado, probablemente inglés. La construcción de “El Águila” sobre la playa fue ordenada por uno de los fundadores del actual balneario, Natalio Michelizzi, sin que se sepa bien cuál fue su objeto. Originalmente se le llamó “La Quimera”.)

WASHINGTON BADO

[1] Autor uruguayo actual. Ya colaboró en alguna de nuestras Nugas.

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ALGUNOS PLACERES URUGUAYOS

Para este número uruguaiensis, no quería dejar de mencionar mi reciente conocimiento del “medio y medio”. Me considero un bebedor discreto, aunque con alguna experiencia, y debo confesar que me sorprendió no haber probado esta maravilla con anterioridad. Parece que el “medio y medio” es un clásico uruguayo, como el chivito, Alfredo Zitarrosa u Obdulio Varela, el negro jefe, y tantas otras buenas cosas, en las que no quiero abundar. Me sorprendió el descubrir que esta magnífica bebida consta de la mezcla mágica de “mitad vino espumante y mitad vino blanco”. El sabor puede recordarnos a la sidra, de algún modo. Quizá porque es una bebida perfecta para brindar en cualquier fiesta, como las de fin de año, por ejemplo. Sé que uno de los fabricantes más reconocidos fue el Roldós, antiguo restorán del mercado del puerto de Montevideo. Dicen que los de hoy en día ya no son lo que eran: así es todo. Por mi parte, como neófito y buen explorador, recomiendo cuanto antes tomar un espirituoso medio y medio.

El medio y medio, un clásico uruguayo

Por último –last but not least– quiero dar una recomendación uruguaya más. Se trata del genial compositor y músico uruguayo Gustavo Pena, más popularmente conocido como “El Príncipe” (esto lo vuelve primo del Enzo Francescoli, el más conocido príncipe uruguayo, admirado hasta por Zinedine Zidane).

Gustavo Pena, un artista amigable y feliz

Podría decir mucho sobre este artista de hermosísimas canciones, pero, para no hacerla larga, sólo diré que escuchen en Youtube dos temas de él, a ver si les empieza a gustar tanto como a mí. Los títulos de las canciones son: ¿Cómo que no? y Pensamiento de caracol

Habida cuenta de una mítica bebida y una música armoniosa, me despido no sin antes decir, en estos tiempos de virulana, una simple frase, típicamente uruguaya: “Bo, a ver si nos vemos algún día…”

GRAMMATIKUS

(Ariel Guallar)

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LA FOTO DE ESTE NÚMERO

En este lugar podría haber puesto un libro propiamente uruguayo, por así decir. Pero me gustó la idea de presentar este viejo libro escolar de francés, impreso en Montevideo en 1959. Los editores: A. Monteverde y Cía. “Palacio del Libro”, 25 de Mayo 577, Montevideo. Es uno de esos viejos libros de lectura de antes, que eran un pozo de sabiduría, con pequeños resúmenes de historia de las artes plásticas y de la música. ¡Y qué bella antología literaria, con autores clásicos de la dulce Francia! Haberlo encontrado en una librería de viejo fue para mí un verdadero triunfo. [Radulfus]

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MINUCIAS MORONENSES

Un lugar extraordinario, en la histórica Montevideo

En Juan Carlos Gómez 1435, a pasitos de la catedral, en plena ciudad vieja de Montevideo, está la Librería Linardi y Risso, cuyo interior se ve (solo en parte) en la siguiente foto.

Es una librería con ejemplares valiosísimos, especializada en textos americanos. Todo lo que pueda decir será muy poco. Me permito nada más recordar el inolvidable momento que pasé, de visita con mi familia, en ella, con una amabilísima y erudita atención del señor Andrés Linardi. Lo mejor que puede hacer el lector es visitar su sitio (http://www.linardiyrisso.com/) y, mejor todavía, visitar Montevideo y conocerla directamente. Será una experiencia inolvidable.

[Radulfus]

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¡Error, es uruguaya!

En el sitio web de La Montevideana, destacada empresa dedicada a la elaboración de helados, leo que su origen fue allá por 1967 en la ciudad de Rosario. Pero tengo para mí que en el fondo es oriental: que alguno de los dueños andaba en amores con una uruguayita Lucía rosarina… y a ella dedicó el fruto de sus trabajos. Hoy voy un poco más lejos y ofrezco a dicha mocita mi humilde copla.

                                   No es verdad lo que me dicen,

                                   que aquí viniste, mocita,

                                   a mostrarnos tus encantos,

                                   desde tierras transplatinas:

                                   viniste del mismo cielo

                                   para dar luz a mi vida.

                                                                       Wilson Machicote

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Un gran éxito uruguayo

            Quienes tienen mi edad (son poquísimos), quizá recuerden Sobre un vidrio mojado. Según Wikipedia, “es una canción compuesta por el uruguayo Roberto Fernando Alonso y el argentino Mario Pierpaoli, publicada en 1969 por el grupo uruguayo Kano y los Bulldogs, siendo un gran éxito en el Río de la Plata y Latinoamérica.” No sé si el gerundio “siendo” sería aprobado por Doña Gramática pero copiemos la letra de este ícono de los días felices.

Sobre un vidrio mojado
escribí su nombre sin darme cuenta
y mis ojos quedaron igual que ese vidrio

pensando en ella.

Los cuadros no tienen colores,
las rosas no parecen flores,
no hay pájaros en la mañana:
nada es igual, nada es igual,

nada es igual, nada.
Sobre un vidrio mojado

escribí su nombre sin darme cuenta
y mis ojos quedaron igual que ese vidrio

pensando en ella.

Hoy cuando desperté buscaba
el sol que entraba en mi ventana:
tras una nube se ocultaba…
Nada es igual, nada es igual,

nada es igual, nada.

            No por repetido es menos bello: la belleza de este bello mundo parece opacarse, si la dulce amada está ausente. Los poetas elegíacos desde siempre escribieron el nombre de Amarilis, en las cortezas de los árboles, en las paredes… y sobre un vidrio mojado. [W.M.]

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Ad informaticos

Informatici latrones,

novi tyranni hodierni

(non politicis peiores),

mundi huius tam vulgaris:

Erebo vos crudus mitto.

                                       Saúl González

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Un lugar uruguayo… por un “uruguayo”

            Nuestro Enrique Larreta era, por el lado de su madre, de origen uruguayo. Por eso voy a copiar aquí uno de sus sonetos, proveniente de La calle de la vida y de la muerte. Quizá alguien piense que tan destacado autor esté muy por arriba de las “minucias” que hay en esta sección. Llevará razón, pero mi intención es justamente esa: dignificar este ínfimo espacio justamente con alguien tan grande. Y hasta me atrevo a afirmar que él mismo, si estuviera entre los vivientes, me daría complacido su permiso de figurar en lugar tan humildico. Va entonces ahora su “Punta Chaparro.”

                        Ese fácil y claro morir del que imagina

                        que muere de verdad, ese morir viviendo,

                        ese dejar de ser y estar a un tiempo siendo

                        su propia confidencia, todo ello lo reclina,

                        lo extiende, la callada molicie vespertina

                        de este claro balcón. Quietud que adormeciendo

                        anticipa la paz del alma trascendiendo,

                        o exaspera las ansias; terrenal y divina.

                        Uruguay, tú, asimismo, río de las riberas

                        y luces encantadas, parece que supieras

                        de estas cosas. Apenas baja la luz, tus oros

                        y turquesas ya sueñan con la noche, de suerte

                        que tú sabes también sensualizar tesoros

                        y enriquecer así la vida con la muerte.

            Empezando por la actualidad, la Red me informa que hay un proyecto conjunto para un Puente Treinta y Tres Orientales, sobre el río Uruguay. Del lado argentino está un sector del complejo Zárate-Brazo Largo; del uruguayo, Punta Chaparro.

Enrique Larreta nada sabía de esto y yo no sé mucho más que él. Lo que aquí nos importa es la belleza de uno de los ríos que tenemos en común, con sus horacianas rubias arenas, con sus abundantes peces, con sus paisajes. Confieso que las rimas en gerundio me agobian un poco; y que el “sensualizar”, que parece neologismo, también. Pero la personificación del Río de los Pájaros me alegra y me da deseos de visitar tales lugares. [W.M.]

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Chascarrillos literarios

Me gustaría que cada número terminara con algunos chistecitos literarios (o quizá culturosos). Va el intento.

            Pregunta: ¿Cuál es el tipo de letra preferido por Sherlock Holmes?

            Respuesta: Baskerville.

            Pregunta: ¿Cuál era el filósofo más dulce?

            Respuesta: Meliso de Samos.[1]

[1] Este chascarrillo es bastante rebuscado: Meliso (s. V a.C.) tiene un nombre que parece relacionarse con μέλισσα, ‘abeja’ // ‘miel.’

Pero yo, humillimus Radulfus, debo agradecer al destino por este don de seguir haciendo con mis queridos amigos esta publicación; en particular, estos chascarrillos. Por eso copio una imagen que exprese tal agradecimiento dichoso.

A propósito de esto, Grammatikus pregunta, a manera de trivia, cómo se dice “gracias” en griego.

Su sencilla respuesta es: “Grecias.”

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Últimos versos

A una bella nación

                            y a una muy bella gente

                            agradecemos por tantos

                            y tan entrañables bienes.

[Radulfus]

N° 5

NUGAS MORONENSES

 < poemas y alguna otra cosa >

N° 5

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Redacción:

RADULFUS

 Moroniae

 §

Magno conatu, magnas nugas

2020

ÍNDICE

Presentación                                                                 

Leo Grammaticus. El presente es un fantasma (poema)              

Rocío Zoya. Πάθος                                                                 

Radulfus. Un rincón del oeste… granadino                         

María de los Ángeles Auliel. Poema III                               

Silvia Noemí Fournier. Ruptura (poema)                                  

Sergio Sologuren. Sí, querida (poema)                                     

Minucias moronenses                                                                 

Apéndice

Otro chascarrillo: canto 11 del Martín Fierro… en latín               

PRESENTACIÓN

            Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

            Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

                                                                                              RADULFUS

401430

*              *               *

EL PRESENTE ES UN FANTASMA

ni vivo
ni muerto
a medio camino
entre el pasado
y el futuro
asume
la fantástica condición
de existir
sobre los bordes
de lo real

con un pie en lo extraño
y el otro en lo maravilloso.

                                                                       LEO GRAMMATICUS[1]

5 3

[1] Dice nuestro autor que este poema es “producto de la lectura difusa del ruso Todorov y Rosemary Jackson.” Escuché decir una vez que lo único real es el presente, pero hasta cierto punto: tan instantánea su naturaleza, que se vuelve inexistente. [Radulfus]

 Πάθος

ROCÍO ZOYA

En un bosque de Taúride tuve un sueño. Mientras que estaba despierto. Peleando con las Erinias.

5 4

Soñé con una cierva que había tomado el lugar de mi hermana como sacrificio en Áulide. El mismo puro animal, blanco como la nieve, de ojos dorados, era venerado en el reino de Toante, adonde los dioses me enviaron a buscar una estatua.

La cierva caminaba entre cuerpos de griegos. Lloraba. Decía mi nombre, como si yo fuese una columna sajada. Quería regresar a su casa.

Tuve que matarla. Y luego envolví su cuerpo en una túnica de mi madre. Su sangre impregnó la tela, formó letras que me costó leer. Pero lo hice.

Leí sobre un Mesías que daba su cuerpo igual que mi hermana. Había nacido después de Eneas, el troyano, en una tierra que aún no existe como tal.

En el día de su alumbramiento, la gente se hacía obsequios. Los ponían bajo un árbol, como el que yo elegí para intentar ahorcarme…

*****

Toante no creyó sus palabras. Pero había escuchado sobre Orestes, el héroe joven y loco, hijo de Agamenón. Matricida. El que cruzó la Hélade y más allá solo para terminar con el sacrificio decidido por su padre.

Aun así, en el discurso del príncipe demente había razones propias de lo que ocultan los dioses. Respetó eso.

—Has asesinado a la sacerdotisa de mi templo, Orestes, el griego. Tu amigo, Pílades, se ha inmolado como sacrificio para te perdonemos la vida. Lo haré si tomas el lugar de tu hermana, Ifigenia, como mi augur, ejerciendo los ritos sagrados que aquí practicamos en honor a Artemis.

Orestes rio con amargura.

Un simple hombre no podía oponerse a los caprichos de los dioses y su sed de sangre.

ROCÍO ZOYA

5 5

UN RINCÓN DEL OESTE… GRANADINO

            Tiempo atrás visité la Granada de Agustín Lara. Desde ya que hay infinitas cosas para ver allí pero me detengo en la Basílica y Hospital San Juan de Dios.

5 5a

Este santo (1495-1550) fue fundador de una importante orden hospitalaria. Pero ahora quiero recordar las innumerables veces que, viniendo en tren a Morón, paso por el Hospital San Juan de Dios en Ramos Mejía.

5 6

Más allá del espíritu caritativo social, por llamarlo de algún modo, nuestra querida Universidad de Morón siempre ha acogido muy bien a este pobre peregrino.

RADULFUS

POEMA III

Pues bien, bajemos y confundamos ahí mismo su lengua,

                de modo que no se entiendan los unos a los otros.

                Génesis, 11, 7

                No hay en la vasta Biblioteca dos libros idénticos.

                La Biblioteca de Babel, J. L. Borges

viaje a los confines

hacia lo remoto de sus extremos,

había olvidado que esa parte

era un agujero

de lenguas rotas

dos gotas de agua

no idénticas

habían caído

por el resquicio abierto

en la distancia

aquel orden dislocado

en el tiempo

replicó, sin cesar,

el tono amargo

de las olas

centro negro

fractal quebrado

un copo de nieve horadó

mi corazón entero

                                   MARÍA DE LOS ÁNGELES AULIEL

RUPTURA

Obtuviste tempranamente el conocimiento de la desdicha.

En la madrugada de una noche de invierno,

La muerte hizo su entrada despiadada,

arrasando para siempre con la monotonía.

A partir de allí, noches y días se igualaron en luces y sombras.

Conociste inevitablemente el final de los hechos.

No pudiste escapar del esperado desenlace.

La noción de verdad te fue dada y supiste

que la falacia sería parte de tu vida.

Ahora caminas por las calles simétricas

desesperanzado de otro final

y repites interminablemente

el trazo de esa noche fatal.

                                                           SILVIA NOEMÍ FOURNIER

SÍ, QUERIDA

“Hasta aquí llegó mi amor, percantina.

Corté poleas y solté la amarra

porque vuelvo a la nochera farra

no toco un plato más de la cocina”.

“Aura vos laburás por la propina

yo seré quien tu vento despilfarra

rodiado de papusas en la barra

y volviendo entrada la matina”.

Él limpiaba un mueble. Cayó la grela.

“Andá’ cocinar, largá la franela:

las milanesas me gustan con ajo.”

“No es que quiera yugarla de bardera:

cuando hables, que la voz salga hacia ’fuera

porque así no se te entiende un carajo”.

                                                                       SERGIO SOLOGUREN

Con gran beneplácito saludo la llegada a nuestras Nugas de este poeta argentino actual, que cultiva excelentemente el lunfardo. Gusto del lunfardo, aunque no soy experto en él. No he querido hacer explicaciones sobre los significados de dichos vocablos, porque hoy no es necesario, para ello, tener diccionarios específicos. Vienen, por modo de comparación, a mi memoria tantos como Justo el 31 y Victoria, que debemos al genio de Discépolo. [Radulfus]

MINUCIAS MORONENSES

Luna Moroniensis

Un sábado de septiembre salí de mi casa, muy temprano, camino a la Universidad. Al pasar por una plaza cercana me encontré con una Luna inmensa y bellísima. Todos sabemos que ella es compañera de poetas y enamorados; creo que también de los que van a Morón. Por eso le dediqué estos versillos latinos, que le piden que alumbre mi camino y acompañe mi viaje en tren.

                                   Álba Lúna quáe ambúlas

                                   lúce aliéna omniá claréscens,

                                   béne dírigé meos gréssus

                                   úsque ad úrbem Móroniénsem;

                                   cúrrus férreus mé afféret,

                                   út videám carós alúmnos.

                                                                                  Radulfus

Cría cuervos…

            En la calle paralela a la vía, del lado de nuestra Universidad, una tarde del frío agosto di con la Dietética Rojas. Las dietas para adelgazar y yo no somos muy amigos, pero entré a comprar unas pasas de uva. Al salir del negocio vi que en la entrada estaba volando quieta, por así decir, un ave agorera.

5 8

Justo pasó por allí Camila, alumna de Filosofía, quien también se sorprendió ante ese cuervo, cuya vida pendía de un hilo. El dueño del establecimiento me explicó el propósito: para asustar a las atrevidas palomas, que entran a picotear los cereales. No niego tan noble propósito, pero se me ocurrió también pensar que la razón era otra: el señor siente simpatías por los gauchos de Boedo. Pero, fiel a mi carrera, imaginé al dominus como hombre muy lector. Así se lo hice saber a Camila: lo puso pensando en el cuervo de las Metamorfosis de Ovidio (por hablar de más, sus blancas plumas se volvieron negras y se transformó en ave de mal agüero). O también, si no, en el cuervo de Poe.

            La respuesta de Camila: “Profesor, tiene mucha imaginación. No siga hablando así, porque la profesora Norma puede dejarlo cesante… digamos por inestabilidad mental.” Cedí de mala gana a tan sensata voz… pero siempre trato, desde ese día, de pagar una visita al Corvus Moroniensis. Una vez le propuse al dueño cambiar el nombre: en vez de Dietética Rojas, Dietética Nero.

Radulfus

5 9

Cantares de ciegos

            Una modalidad literaria tradicional es la de los cantares de ciegos. Pero Morón nos enseña sobre esto no solo en las aulas. Venía en tren el otro día y coincidí con Juan Carlos Nicora. Asistimos perplejos al breve pero emotivo espectáculo de una suerte de ciego ambulante, que circulaba por el pasillo entonando muy bien, de muy viva voz, canciones de folklore muy conocidas. En fin, se invirtieron los roles, como dicen los pedagogos, pues, en nuestro camino de sábado muy temprano, mi colega y yo hicimos papel de ciegos y nuestro cantor… de lazarillo de ciegos caminantes.

Radulfus

5 10

Un pequeñísimo museo… y un profesor que se porta mal

            El otro día estaba tomando examen en la Universidad y teníamos necesidad de otra silla. Acudí al fácil recurso de tomarla yo mismo. Entré para ello al aula más cercana y pedí permiso a una profesora. Pero, antes de cumplir con mi propósito, observé que había unas piedras sobre la mesa. Pregunté y mi colega respondió que estaba tomando una materia de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales.

            Mi afición (propia de un ignorante) a ciertos temas naturales me hizo acordar de Fesquet y sus libros de ciencias naturales, que con sus textos, fotos y dibujos hacían las delicias de mi lejana infancia. La lista de títulos afines sería infinita pero… ¿cómo no recordar a Dos Santos Lara y sus botánicas, zoologías y anatomías y fisiologías? ¿Y en física, Fernández y Galloni, qué se fizieron? En fin, no quiero seguir, porque lágrimas asoman a mis mejillas, carísimo lector. Intento sofrenar mi descaminada asociación de ideas y vuelvo a las piedras.

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La cuestión: se me dio por examinarme a mí mismo y traté de adivinar cuál era cada piedra. Para mi sorpresa, acerté con mica, con cuarzo, con ónix y con granito. La profesora atinadamente me reconvino: “¡Profesor, usted les da las respuestas a los alumnos!” Inmediatamente pedí perdón y me retiré avergonzado por mi niñería e irresponsabilidad. Se ve que los alumnos percibieron eso, porque me llamaron y aclararon que ya conocían tales respuestas: en el examen tenían que explicar y ampliar tales conocimientos. En fin, más allá de mis errores, nuestra querida Universidad siempre nos da: nunca deja de enseñarnos.

Radulfus

5 11

Chascarrillos literarios

Me gustaría que cada número terminara con algunos chistecitos literarios (o quizá culturosos). Va el intento.

            Empezamos con Leo Grammaticus, quien nos envía algo “De ciegos, sordos y mudos helenos”:

            “El pathos le dice al logos que el ethos lo está mirando.”

5 12

Y este humilde servidor, hablando de arte, pregunta: ¿cuánta cerveza toman Velázquez, Giotto, Dürer, Rembrandt, Turner y Toulouse-Lautrec? Respuesta: una pinta.

5 13

Otra cosa es que, si alguien me regalara lo que contiene la imagen, obsequiaría el bebestible y me quedaría con el vaso y con los posavasos, para colección. [Radulfus]

APÉNDICE

Otro chascarrillo: canto 11 del Martín Fierro… en latín

            La página anterior contiene chistes literarios. Quizá allí debería ir lo que copio a continuación. Para ser breve, estoy haciendo el Martín Fierro en latín. Me gustaría poder terminar la primera parte, de lo cual no estoy tan lejos. No deseo hablar sobre lo que hago; digo nada más que no es una traducción sino una versión; por momentos, una reescritura. Intento poner allí mucho de humor; por ejemplo, pongo en boca de gaucho alusiones a la mitología y a la literatura. [Radulfus]

MARTINUS FERREUS

 I pars

11

Aliis bene fluunt copulae,                1885

ut aqua illa Hippocrenes;

sic mihi accidit, lector:

quamvis pauperes meae copulae,

ab ore meo egrediuntur,

ut ex ovilibus oves.                          1890

Exit portis prima stropha…

rem tene et verba sequentur;

et quae de retro venerunt

ad palum se conflixerunt:

ita saliunt et propugnant                           1895

ex corde in os meum deferri.

Etsi ego ob inscitiam

difficultate laboro,

ut primum rostrum aperui

–scite pro certo, sodales–                          1900

exit versus et ad ostium

alius manet pulsans carcerem.

Sed oro ut intenti sitis:

curas narrantem me audietis,

quibus est anima plena,                   1905

quia periculo in omni

gauchus ignorantiam solvit

suo in sanguine venarum.

Post illam symphoran –narro–

in cannis locum quaesivi;                 1910

per Cardales ambulavi,

ut animal sine cavo:

sic namque vita gauchorum,

vere vita animalium.

Tamque multae sunt miseriae          1915

in quibus involvi potui,

ut, tanta in afflictione

ad modum viri Ithacensis,

me in corde habere putem

callum duro saxo durius.                           1920

Sic ambulabam, ut orbus

post tempestate, atque comperi,

ad meum malem, milongam

agi in quadam taberna.

Ad eam ergo direxi                          1925

equum meum nondum domitum.

Erat domus saltationis

miserrima casa barbara,

quae plenissima erat facta

multorum, qui impulsabant             1930

invicem: numquam deerunt

impulsus in iocis pauperum.

Mihi perones longiores

erant sed monticulorum

pleni, qui talos posuere                    1935

cristatos valde, ut gallorum

cristas. Eheu! Mihi dolebant,

eos callosos arbitrabar.

In catto et in fandango

festa erat initiata                              1940

et ad videndum tripudium

pilutus pila sum factus.

At male venit Cornupeta,

ut male misceret omnia.

Erat ille citharista                                      1945

gauchus solutus in ore.

Non Ulixes in patientia

sum ad omnia toleranda:

nemini molestus sum

sed lugebit, qui me tangat.               1950

Carmen saliare saltabam

cum puellula tam formosa;

bardus autem ille agnovit

me sine dubio, amici,

atque has canebat coplas,                          1955

quasi me ridens, malevolus. 

Mulieres fere omnes

similes mulabus;

non dico ego omnes

attamen sunt quaedam                     1960

quae aves volantes

pennis sciunt privare.

 

Set nonnulli gauchi

domina se iactant;

non dico superbiunt                         1965

sed se ipsos laudant

et fortasse domnae

eos flocci faciunt.

A secretis loquebantur

chinae et ego iravi,                           1970

eum despexi et dixi:

“Cantulum linque, Demodoce,

mala formica pamparum…”

Eius chordas omnes rupi.

In clamore, ab intra exivit                1975

graencus tubulo armatus;

vilis tamen non fui unquam,

quia parvi pendo pericula;

exui me a chlaena mea

inque candelabrum misi.                            1980

Ianuam confestim attingo,

“Nemo detineat” clamans,

et, mulieribus turbatis

quia omnia obscurata fuerant,

commixtae cunctis cum gauchis,      1985

videbant se in districtione.

Primus ante omnes exivit

ille cantor, me aggrediens,

sed ego, ut monuit Suetonius,

tranquillus, bibulus etiam,               1990

permaneo et quibusdam

compaganis beatus videor.

Certus sum istum cantantem

numquam alium provocasse;

sed pessime ei fuit iocus:                           1995

provocavit enim pugnam

miserrimus vir et stultus,

carne columbae debilior.

Praesto esse solent mulieres

ad auxilia comparanda:                   2000

antequam sanguinem perderet

ad amphoras eum posuerunt.

Ibi eum liqui laxis fibris,

ut musicam resonaret.

Equum ascendi et in campos           2005

liberior fugi intellectu,

ut nubes procella motae,

sine domo habitaturus:

scite, non erit matrario

nidus nec casa nec sedes.                           2010

Contra fata nemo certat

quae Deus praevidit, amice,

et, quamvis non sit solatio,

duret Boethius in carcere:               

ne turbis blandiri velis,                    2015

adversus fluctus ne remiges.

Nemo est vir qui non tonet

contra gauchum miserabilem;

ipse error –no fuit scelus

memet omnibus exposuit.                2020

Alii sapientius delinquunt

et venia non caruerunt!

N° 4

 NUGAS MORONENSES

 < poemas y alguna otra cosa >

N°4

unnamed

 Redacción: 

RADULFUS

 §

Moroniae

Magno conatu, magnas nugas

2020

 ÍNDICE

Presentación                                                                                     

Radulfus. Morón, puente entre Florencia y las pampas                  

Silvia Noemí Fournier. Lluvia (poema)                                            

Sebastián Rizzo. Intenso vivir dividido (en enlaces): ¡el fuego que existo! (poema)

Leo Grammaticus. Argos mínima (poema)                                  

Dos coplas de Don Fanor Ortega Dávalos, coplero de Tarija       

Un curioso y valiosísimo códice en Decanato                          

María Melania Suárez. De Atenas a Haedo                          

Agustín Bogado Pitiot. Mi buen amigo El Tiempo             

Minucias moronenses                                                

PRESENTACIÓN

Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

                                                                                              RADULFUS

unnamed (1)

MORÓN, PUENTE ENTRE FLORENCIA Y LAS PAMPAS

Ese primer sábado de abril bajé del tren y, en vez de cruzar por el sottopassaggio, lo hice por la misma vía. Buena decisión, porque en muchos años no había reparado en la existencia de la carnicería Francesca, cuya foto abajo ves, caro amigo.

4 - 3

Hablando de carnes, la que estimula en mí la más desenfrenada gula es el salamín. Quizá por ello un vendedor ambulante tenía, enfrente de Francesca y al lado de un puesto de galletas, este pecaminoso carrito.

4 - 4

Entré al negocio y pregunté por qué Francesca. La respuesta del carnicero: “Porque es el nombre de mi hija.” Todo el mundo la dará por válida pero lo interpreto como un homenaje a la malograda heroína. En efecto, acudiendo a la comodidad de la Wikipedia, “Francesca de Rímini o de Polenta (Ravennaca. 1259  – Gradara, Pesaro1285) fue una noble italiana de la Edad Media, cuyo trágico destino fue inmortalizado por su contemporáneo Dante Alighieri en La Divina Comedia como símbolo del adulterio y la lujuria.” Carne, salamín, polenta… A esto se suma el placer del espíritu: “Nessun maggior dolor.” Hasta tenemos latín, pues en la fachada se lee “Carnes Premium”, con grafía que sigue la pronunciación romana de praemium.

Pero no fue mi único contacto en Italia esa jornada. Volví como siempre en el tren y desde Once caminé hasta casa. Pasé en Pueyrredón por la librería de Bitrán, gran coleccionista de figuritas y autor del libro ¡Malditas difíciles! ¿Qué encontré allí? La foto habla.

4 - 5

La primera parte de Martín Fierro en italiano. Vuelvo al título de esta nota: uní, sin pensarlo, la gran cultura de Italia con nuestras inmensas y hermosas pampas.

RADULFUS

LLUVIA

Llueve.

Infinitas gotas golpean la ciudad

despertándonos de nuestros sueños.

La mañana acuosa y gris nos confiesa sus tristezas,

allá a lo lejos lloran su perdida las madres desahijadas.

En las calles espejadas los autos escapan

hacia lugares desconocidos.

En mi pecho, lloran antiguos recuerdos de despedidas.

En las ventanas, las gotas me llaman con su golpeteo,

monótono y rítmico: esperan mi consuelo.

Pero no puedo, una pesadez me impide moverme.

Sentada frente al ventanal miro impávidamente

el llanto desconsolado del cielo

y cada gota es una queja que mis oídos atentos 

descifran en silencio.

                                                           SILVIA NOEMÍ FOURNIER

4 - 6

INTENSO VIVIR DIVIDIDO (EN ENLACES):

¡EL FUEGO QUE EXISTO!

 Es torre de Ciudad,

llena de pantalones, llena de otredades;

habitación llena de deseos, de llamas, las (unas) subeternidades.

Arañas que ya voy viendo a través de los plazos de un,

este,

existir; no las callaré, solo me burlo: ¡[…]!

Río, y en el medio, me vivo un mundo que es el que digo:

y lo digo solo para mí;

los otros verán (¡ven!) el león.

¿Es así? ¿Se ve?

***

Mirada que no ve otro, siento.

Mirada que no entiendo, entiendo.

Mirada que es cuando yo no soy

(el mérito de existir);

existir independiente, ojos que abundan la

inmensidad.

Mirada que me pasa, mirada que piensa que la miran.

Mirada que no es punto, que es intensa, que deja de ser; cuando no miro, dejo de ser.

Si me lee una ciencia: que me lea; que lea y que lea.

Si me lee una ciencia: que se salve, por favor, que se salve.

Si me lee una ciencia: que lea, si puede, que deje ser una idea.

Sí, puede; antes de ciencia es tierra: la tierra es lo que hay.

La tierra si quiere, piensa, y quema, y quema:

(yo) me vivo en la tierra, y (me) vivo quemando.

¡Soy […] lo que está mal en un mundo que se llama el cielo en la tierra!

Y soy tan , tan , tan ; que el cielo me niega, y el infierno es pintado como un lugar frío. Ja, ¡el infierno es pintado!

                                                                       SEBASTIÁN RIZZO

ARGOS MÍNIMA

No busques, Laura Pellis,

más que en el humo fresco

de un rato, a medianoche.

Dispón platos

de la mesa de Dioniso

en la balanza

de Apolo.

Y contra la pesada lucidez de la estrategia

levanta apenas

un escudo de ceniza.

LEO GRAMMATICUS

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DOS COPLAS DE DON FANOR ORTEGA DÁVALOS,

COPLERO DE TARIJA

Conocí en Salta, hace unos ocho años, a Fanor Ortega Dávalos (no lo suelo mencionar sin el Don), coplero de Tarija, Bolivia, quien desde hace décadas reside en La Linda. Si bien ha publicado en papel otras coplas, he recibido de él un mensaje electrónico que contiene algunas otras, divulgadas en redes sociales. Es un gran gusto para mí dar a conocer, en este humilde medio, dos de sus coplas glosadas. Empiezo por “Cuando mi copla está triste.”

“Cuando mi copla está triste

Ya no la puedo cantar,

Se va para los silencios

A hundirse en la soledad”.

 

GLOSA

 En el frío de tu ausencia,

Tanta esperanza se viste

Con perlas de agua y de sal,

“Cuando mi copla está triste”.

Por un nudo en la garganta,

Que me amenaza ahogar,

Siento que más se agranda,

“Ya no la puedo cantar”.

Y una copla que se apaga

Es una verdad sin tiempo,

Y una desnuda belleza

“Se va para los silencios”.

Y todo se vuelve nada

En un oscuro ritual,

Y se van mis ilusiones

“A hundirse en la soledad”.

Bellísimas copla y glosa, que vuelven sobre un tema muy viejo: las penas pueden mitigarse, al menos en parte, con la soledad… y con la poesía. Y tal palabra poética deviene –no se equivocan los versos– atemporal y cada vez más despojada. Y el canto coplero (en Salta, en Jujuy, en Tarija…) se hace un “oscuro ritual.” Sin duda, porque siempre el poeta vivió en su mundo. ¡Y bien qué hizo! En el caso particular de la copla, tan despojada es ella que con toda razón leemos “una desnuda belleza.” Vayamos ahora a la segunda, “Donde la noche se encuentra.”

“Donde la noche se encuentra

Desnuda de las palabras

Suelen vestirse los sueños

Estrenando nuevas alas”.

GLOSA

Llegan las oscuridades,

Sin que las tengan en cuenta

Con su profunda espesura,

“Donde la noche se encuentra”.

Se me cierran los dos ojos

Pa’ que no pueda mirarla,

Tan inocente y tan pura

“Desnuda de las palabras”.

De los momentos felices,

Deshilachando recuerdos

en los recodos del tiempo,

“Suelen vestirse los sueños”.

Pa’ volar a mis adentros

Sus recuerdos hacen gala.

En las islas de la ausencia

“Estrenando nuevas alas”.

Lo único que diré –en mi extraña imaginación– sobre copla y glosa es que fueron escritas para mí, pues mis recuerdos constantemente me alimentan “en las islas de la ausencia” y “en los recodos del tiempo.” Todo es muy bello pero las alas de los sueños me llevan a felices frases poéticas de otros. Pienso por ejemplo en lo del tango “mendrugos del olvido”; en “las playas del dolor.” ¿Tan importantes son memoria y olvido para la poesía? La respuesta es del sabio Solón de Atenas, pues las Musas son hijas de Zeus y Mnemósine. Agradezco entonces a Don Fanor el que me permita conocer sus coplas y siento que volverá a estar presente en este lugar literario.

RADULFUS

UN CURIOSO Y VALIOSÍSIMO CÓDICE EN DECANATO

4 - 8

Los sábados suelo visitar el Decanato, por una razón muy pedestre: tomo agua caliente para prepararme un té. No obstante, días pasados hubo un hallazgo verdaderamente arqueológico, pues, sobre la mesa próxima a la puerta, me topé con el índice telefónico de la foto de arriba. Debe tener unos cuarenta años y –me dicen– están allí los números telefónicos de profesores, algunas direcciones útiles de la vecindad… en fin, lo que suelen tener tales libros.

Sin embargo, como estamos en la Facultad de Filosofía, me animo a más. Para mí entre las hojas hay papeletas con citas de Platón y Aristóteles, de Homero y de Sófocles, de Heródoto y de Polibio; también, por supuesto, de sus epígonos, como Kant, Descartes, Hölderlin, Toynbee y otras lumbreras. Comenté, al volver a clase, esto con mis alumnos (incluyo mi especulación). Patricia, una ex discipulis, no se animó a contradecirme del todo, pero me invitó a suspender el juicio y a no afirmar categóricamente lo que me había venido a la cabeza. Tiene razón: es mejor que admire de tanto en tanto, sobre la mesa de entrada de Decanato, el Index Moroniensis.

RADULFUS

DE ATENAS A HAEDO

4 - 9

El lunes pasado, al subirme al tren en Haedo con destino a Once (luego de haber perdido el tren anterior) me sorprendí gratamente al encontrarme con quien fue mi profesor de latín y griego en la universidad: Raúl. Nos pusimos a charlar y le conté que el año pasado tuve la suerte de poder viajar a Europa, y que me acordé mucho de él cuando estuve en Atenas y en Roma. Uno de los lugares que conocí es el Liceo de Aristóteles, que se encuentra en medio de la ciudad. Raúl me contó que tiene una revista en Morón, y quise colaborar compartiendo la foto de ese día 03/01/18 donde conocí el Liceo.

MARÍA MELANIA SUÁREZ

Mi buen amigo El Tiempo

Hoy me gustaría hablar

sobre un buen amigo mío

aunque creo que me costará,

ya que no es tan fácil describirlo.

Me apura todo el tiempo,

hace correr el reloj:

las horas, los minutos, los segundos.

La vida es veloz por su labor.

Él vuela cuando me divierto.

Mientras tanto, yo sigo aquí abajo.

No consigo disfrutar del momento,

ya que su rapidez me lo ha quitado.

Muchas veces me pregunto

si en realidad es mi “amigo”.

Me ha dado muchas razones

para no quererlo conmigo.

Me ha quitado muchas cosas,

muy preciadas en realidad.

Y ya cuando es muy tarde,

me logro percatar.

Se ha llevado personas

que nunca podré olvidar

y un gran vacío en mi

han logrado crear.

A pesar de todo el mal

que ha podido causar,

tengo otras razones

por las cuales valoro su amistad.

Me ha regalado momentos

únicos e inolvidables,

con aquellas personas

que han hecho mi vida fascinante.

He aprendido de él

que cada segundo cuenta;

que debo aprovecharlo al máximo;

que debo aprovecharlo mientras pueda.

Me ha enseñado que debo vivir

mirando siempre hacia delante,

nunca hacia atrás: de otra forma,

me perderé todo lo demás.

Ahora me encuentro escribiendo,

en mis últimos momentos,

este poema dedicado

a mi buen amigo El Tiempo.

Solo me queda agradecerle

por todo lo que me ha brindado:

amigos, familia, recuerdos.

Ha hecho un excelente trabajo.

                                               AGUSTÍN BOGADO PITIOT¹

4 - 10

[¹] Agradezco a la profesora Florencia Bailo el envío de este poema de un alumno suyo de colegio secundario. Me gustaría ir de a poco dando cabida a escritos de tan jóvenes lectores. He respetado la intención de Agustín: poner El Tiempo. Podría decir alguien que la mayúscula inicial en el artículo no es correcta. Llevará razón pero creo que es aceptable en más de una ocasión. No creo que esté mal decir La Ilíada, porque en nuestra lengua el artículo muchas veces se torna inseparable del sustantivo. En fin, cosas de gramática. [Radulfus]

MINUCIAS MORONENSES

Conocí a una linda morenita   

El título de esta noticula es el comienzo de una vieja canción mexicana. Pero ahora no hablaré de amores sino de pesca. Una cosa es la morena, pez anguiliforme bastante cazador y de muy buen tamaño; otra, la morenita, uno muy pequeño de agua dulce que, si no estoy errado, convive con otros llamados madrecitas y overitos (seguro hay algún otro). No sé si alguien come morenitas pero, en tal caso, necesitaría una muy buena cantidad. Es más común usarlas como carnada o tenerlas en peceras. Pero lo curioso es que, cuando vuelvo de la Universidad en el tren, me bajo en Once y, por la salida lateral de Cangallo, veo la pescadería La Morenita. Una vez entré y pregunté a la señora que atendía. Tenía una noción de la morenita como un pez, pero nada sabía acerca de su tamaño ni de su hábitat. Más aún, estaba convencida de que se podía comer, aunque “en este momento no tenemos”, afirmó. En fin, empecé con una canción y trataré de terminar también con música, la de mis humildes versos.

                                   Pequeña eres, morenita…

                                   con una cierta grandeza:

                                   muy pocas cosas se igualan

                                   con tu beldad tan ligera.

                                                                                  Radulfus

4 - 11

Un pedacito de la Universidad

Todos conocemos los azulejos verdes que cubren muchas de las paredes en el edificio central de nuestra querida Universidad. Hoy encontré uno roto y tirado por el piso. Creo que no falté al séptimo mandamiento al quedarme con uno de los fragmentos, el cual está ahora dentro de una taza antigua que contiene otros: pedacitos de azulejo de Lisboa y de Sevilla, un trocito de teja muslera. Más aún, me saqué una foto con mis alumnas: Noelia, Patricia, Mariana y Mariel.

4 - 12

En mi edificio hay en el último piso unos cuartitos que son como para depósito. En el mío formé un museo de todas las cosas y otras muchas más; entre ellas, la taza que mencionaba arriba. Entonces desde hoy tengo dos formas de ir a Morón. Una es la habitual, con el tren desde Once. La otra, voy a mi museo y me encuentro con una parte de la Universidad. Para confirmarlo, en el reverso escribí que proviene de Morón: a Moronia.

4 - 13

Radulfus

Una pizzería muy poética

4 - 14

El sábado pasado no funcionaba el tren. Crucé entonces la plaza y tomé el colectivo. Creo que es la Costera, que me deja a unas quince cuadras de la Universidad. Mientras esperaba, Danti gratias!, noté que enfrente había la pizzería La Sonetto. ¿De dónde salió ese nombre? Quizás de una señorita de apellido italiano. Pero tengo para mí que el dueño es lector del Dante, de Quevedo, de Milton… Por eso quiso rendir homenaje a la forma poética perfecta. Y está bien haber sembrado la duda, porque sonetto es italiano pero viene del provenzal: “dal provenz. ant. sonet, che a sua volta è dal fr. ant. sonet ‘canzone, canzonetta’, der. di son ‘suono.’”

Roberto Piras

De Morón a México

Nunca me canso de decir que en esta humildísima publicación no solo escribo sobre lugares en Morón, sino también sobre curiosidades con las que me topo en yendo y en volviendo a nuestra querida Universidad. Por ejemplo ayer, en vez de volver desde Once a Tribunales (donde vivo) por el camino más directo, fui hasta Santa Fe y Pueyrredón, porque quería visitar una librería. Pues bien, cerca de allí, en Arenales casi Pueyrredón, enfrente de Radio Rivadavia, encontré el sorprendente Sor Juana Inés, un pequeño negocio de accesorios. Qué significa aquí accesorios, lo dejo en mano de las colegas profesoras y de las queridas alumnas (creo que comprende bijouterie, carteras… que venga en mi ayuda el etcétera). Alguien podrá decir que tales objetos moderadamente suntuarios no casan bien con una religiosa como Sor Juana. En fin, que cada uno vea si hay o no una relación. Yo no criticaré nada, porque no quiero ser un hombre más necio todavía. Además, tales accesorios no pasan de ser un engaño colorido.

4 - 15

Radulfus

Saludo poético al profesor Pastor

El profesor Leandro Pastor enseña Ética en nuestra Universidad y lo suelo encontrar los sábados por la mañana, en el segundo cuatrimestre. Quiero ahora saludarlo con unos pobres versos griegos, que también traduzco.

                                   Ποιμὴν εἶ τοῖς μαθηταῖς σου,

                                   ὅτι αὐτοῖς τροφὴν δίδως·

                                   τροφὴν λέγω πνευματικήν,

                                   ἣ αὐτοὺς ἰσχυρώσει.

            [Eres pastor para tus alumnos, / pues les das alimento: / digo el

                        alimento espiritual, / que los fortificará siempre.]

De Venecia y de Oxford a Morón

Es muy conocido el Puente de los Suspiros veneciano. Acudo, como hago habitualmente, a la comodidad de la Wikipedia: “Situado a poca distancia de la Plaza de San Marcos, une el Palacio Ducal de Venecia con la antigua prisión de la Inquisición (Piombi), cruzando el Rio Di Palazzo.” También tomo de allí la foto de este puente cubierto, que no se refiere a los suspiros de amor sino a los de los condenados. 

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Y hay otros más, de los cuales tal vez el más conocido sea el Bridge of Sighs oxoniense.

4 - 17

Pero en la querida Morón tenemos lo nuestro, porque a media cuadra de la Universidad nos encontramos con un estacionamiento…

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                        Alguno de los lectores suspirará por verlo.

Radulfus

Venida de edad y polvo de hadas

Supongo que sabes que creciste porque llega el día en que las hadas que siempre te acompañaban, caen muertas. Y tomas sus pequeños cuerpos dorados y verdes. Usas un mortero para triturarlas y hacerlas polvo que luego inhalas los sábados, para pasarla bien con tus nuevos amigos de la secundaria.

Sin mayores traumas.

ROCÍO ZOYA

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Chascarrillos literarios

Me gustaría que cada número terminara con algunos chistecitos literarios (o quizá culturosos). Va el intento.

           –¿Cuál fue el tango más exitoso en las Filipinas?   

Carnaval, con música de Anselmo Aieta y letra de Francisco García Jiménez, porque dice “¿Dónde vas con mantón de Manila, / dónde vas con tan lindo disfraz?

Daniel Fara aporta estas dos frases: CARPE DIET y HERÁCLITO NOT DEAD.

Entre los mensajes de mi teléfono perdí un chiste que me pasaron el otro día. Cierta persona quería insultar a otra y le decía: “Usted es un ablativo.” La respuesta: “En absoluto.”

Siguiendo con los clásicos, Leo Grammaticus nos envía “otro chiste griego”, pues pregunta: “¿Cuál es la traducción literal –de perruno a humano– de los últimos ladridos de Argos a Odiseo, antes de morir?” Su respuesta: “Ἀναγνώρισις (‘anagnórisis’, ‘reconocimiento’).”

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            Y, para terminar, otro chiste de estos que andan en la Red.

4 - 21

numerus IV complebitur est

Nº 3

NUGAS MORONENSES

< poemas y alguna otra cosa >

Nº 3

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Redacción

Radulfus

 

Moroniae

Elegantia animi et facundia litterarum

2019

 

ÍNDICE

Presentación                                                                                  

Radulfus. En peregrinaje clásico hacia Morón                          

Wilson González Alfonzo. Puente y barrera                                

“Zamba para no morir”, Himno de Morón                                 

Jonathan Georgalis. Crepúsculos otoñales (poema)                   

Washington Bado. Una moneda                                                      

Leo Gramático. Boris Doval, un recuerdo al revés                    

Daniel Fara. Égloga                                                                        

Minucias moronenses                                                                 

*

 

PRESENTACIÓN

            Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

            Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

                                                                                              RADULFUS

 

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EN PEREGRINAJE CLÁSICO HACIA MORÓN

             Escuché decir que para las aseguradoras laborales, si uno tiene un accidente camino al trabajo, ese trayecto forma parte de la cobertura del seguro. Pues bien, si hago una extraña analogía, mi camino hacia Morón está bajo cobertura moronense. Y si alguien piensa que me equivoco, lo invito a leer lo que sigue.

            Salí un día de mi casa, como excepción, al mediodía, puesto que integraba una mesa examinadora a las tres de la tarde. Quiere decir que encontré todos los negocios abiertos, no como los sábados a las 6.30. Y pasé por la panadería y confitería PANEM.

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Pienso que ese negocio forma parte de una cadena, incluso internacional. Sea como sea esto, quizás su creador admiraba al poeta preferido de Carlos Juvenal y de Juvenal Olmos. Dicho poeta se quejaba del materialismo de sus contemporáneos, los antiguos romanos, quienes, en vez de pedir una mente sana en un cuerpo sano, solo pedían a los dioses cosas materiales. A ese pueblo había que entretenerlos con panem et circenses, con ‘pan y circo.’

Unas cuantas cuadras más adelante, en la calle Paso, hay un establecimiento de venta de ropa llamado VULPES.

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De las fotos que hay en la Red sin duda la de arriba es la más representativa, pues vulpes en latín significa ‘zorra.’ Confieso que yo habría reservado el nombre para una casa de abrigos de pelo, aunque esas cosas hoy cayeron en desgracia.

Por fin, dos o tres cuadras más adelante, un negocio de lentejuelas y ese tipo de adornos se llama Venus. Sin duda está muy bien, porque la diosa del amor y de la belleza se interesa en tales cosas. En fin, como ves, amigo lector, esa tarde mi caminata me puso en materia. Ahora bien, siguiendo con el latín, ¿cómo puede decirse ‘tren’ en lengua del Lacio? Muy fácil, currus ferreus.

RADULFUS

 

 

PUENTE  Y   BARRERA

 

La palabra venía desde lejos;

de la raíz de la emoción del hombre

antes de que el presagio amaneciera.

 

Sólo una exclamación fue en el comienzo,

un grito apenas,

una chispa sonora del espíritu.

 

Y designó después cosas comunes

propias del hombre y su inmediato entorno,

convivió con el gesto y el dibujo

en una rara y milagrosa mezcla

con la que el hombre prolongó su estado

y llegó al semejante

en intangible vuelo ilimitado.

 

Quiero creer que fue primero puente,

instrumento de unión,

vínculo entre los seres,

eslabón entre un hombre y otro hombre

y que a través de ella

se expresaron amor y sentimientos.

 

Después el propio hombre

la convirtió en barrera

para cerrar el paso al otro hombre.

Bloqueó el entendimiento,

se hizo lanza

y se clavó en el pecho del hermano.

 

¡Que destino tan trágico!

De ser puente a barrera,

de ser luz a ser  sombra,

de ser mano amigable

a ser puño crispado.

 

Al pasar las edades sigue siendo

puente y barrera,

instrumento de paz, signo de furia,

emblema del amor, marca del odio.

 

Habita en el discurso, en el poema,

en la expresión corriente de la gente

en la oración piadosa del devoto,

en la cansada voz de los ancianos.

 

Habita donde el hombre la libera

y desde el fondo de su alma canta,

ruega, blasfema, gime, se enternece;

es un producto suyo la palabra.

                          WILSON GONZÁLEZ ALFONZO[1]

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Puente Pexoa, en Corrientes, que ha dado nombre a una canción homónima

[1] Escritor uruguayo actual. Si bien no conozco extensamente su obra, lo que he leído revela un empeño en entregar una reflexión profunda, pero dentro de una forma muy cuidada. En lo personal siempre he tenido predilección por el concepto de puente. Aquí se nos enseña que esta fecunda idea, lo mismo que la de barrera, tiene una suerte de ambivalencia. Así es, en un sentido, nuestra naturaleza. Este bello poema culmina con el ejemplo supremo, muy próximo a nosotros, de todo cuanto puede ser usado in bonam partem o in malam partem: la palabra. Agradecemos al autor por permitirnos poner aquí este texto, que él había publicado antes en su culto país. [Radulfus]

 

 

ZAMBA PARA NO MORIR, HIMNO DE MORÓN

            Hoy es muy común decir que tal canción es una suerte de himno de su pago. Por ejemplo, Santiago del Estero tiene Añoranzas, de Julio Argentino Jerez; Salta, Carpas salteñas, de Juan José Solá. En mi humildísimo sentir, Morón tiene un himno. Es de uno de sus hijos, Hamlet Lima Quintana, autor de los versos de Zamba para no morir (la música es de Norberto Jorge Ambros y Héctor Alfredo Rosales, sobre quienes no obtuve información). Leamos.

Romperá la tarde en mi voz                                                                                                        hasta el eco de ayer. 
Voy quedándome solo al final,  
muerto de sed, harto de andar. 
Pero sigo creciendo en el sol, vivo. 
Era el tiempo viejo la flor,                                                                                                                  la madera frutal. 
Luego el hacha se puso a golpear; 
verse caer; sólo rodar. 
Pero el árbol reverdecerá, nuevo.

Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy. 
Con el cuero asombrado me iré: 
ronco al gritar que volveré, 
repartido en el aire a gritar: siempre. 
  
Mi razón no pide piedad;                                                                                                                    se dispone a partir. 
No me asusta la muerte ritual; 
sólo dormir; verme borrar. 
Una historia me recordará, vivo.   
Veo el campo, el fruto, la miel

y estas ganas de amar. 
No me puede el olvido vencer, 
hoy como ayer, siempre llegar. 
En el hijo se puede volver, nuevo.

 

            Bellísima zamba que nos recuerda que hay una inmortalidad no muy difícil de ver, la del ciclo de la vida. Y otra, muy venerable, la que concede el deseo de dejar obras perdurables.

Eufrasio López

 

 

CREPÚSCULOS OTOÑALES

 

 Amiga, seré acogedor en la yerma lejanía de mi tristeza;

 

Hoy, la sombra, mañana la noche.

El presente, tan sólo un tránsito fugaz.

Te invito a pasar;

 

Ahora el cielo es oscuro y los destellos rozados tienen algo de cálido.

Contempla, amiga, cómo el viento juguetea con las sombras.

Tan pronto llega, se desliza y se va;

 

Se arremolina el aire y en tus ojos adivino la tristeza.

Lo mismo que tu alma, se ha vuelto profunda y bella,

Adivino, amiga, aquello mismo que no quieres ni sabes mirar.

 

Hoy mismo, hallaras un refugio aquí en la penumbra,

Aquieta tu alma y rasga ese velo tan denso,

Eleva tus ojos y arrebata a la soledad su secreto;

(En un instante sagrado de serenidad, el universo se encuentra repleto),

 

Observa, amiga, esa yerma inmensidad que se extiende a la distancia,

Y en el inmenso tapiz del cielo,

En el manto profundo, azul purpúreo, del firmamento,

Erigiremos un altar a ese arcano sacramento,

Santificaremos, y daremos luz, a ese perenne misterio;

 

De las lágrimas sembradas

Que no pudimos ni supimos derramar.

 

JONATHAN GEORGALIS

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UNA MONEDA

            El señor estacionó su Mercedes Benz a pocos metros de la entrada del teatro. “Hoy es mi día de suerte –pensó– que haya encontrado este lugar vacío, en día de función, es realmente un milagro.”

Se bajó del automóvil y cerró la puerta con su llave electrónica. Entonces se le acercó el cuidacoches. El señor hurgó en su bolsillo y encontró una moneda de diez pesos. Sin mirar a aquel extraño, le extendió el brazo con la moneda en el puño.

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“Señor, hoy es sábado y cobramos cien pesos,” dijo el cuidacoches.

“¿Qué… qué? ¿Qué te pensás? Andá a trabajar… ¡Atorrante!”

“No puedo señor… Soy operado del corazón y estuve diez minutos muerto por un paro cardíaco. Me resucitaron.”

            El señor recién entonces lo miró con cara de desprecio. Nunca había oído una mentira como esa. Se dio vuelta para irse. Mejor te hubieras muerto del todo. Y se rio, aunque no quiso decirle al otro que era una broma.  Después de todo no era nadie.

El cuidacoches sintió que le vino como un mareo. Ya no podía enojarse como todos los demás. Extrajo un cuchillo y se lo clavó al señor en el pecho, a la altura del corazón. Enseguida la camisa blanca del señor se cubrió de rojo.

“Ahora el que se va a morir del todo sos vos”, le gritó y salió corriendo… El señor se desplomó junto al cordón de la vereda.

            Todo sucedió en un instante. Varias personas que se dirigían al teatro siguieron apresuradamente de largo. El cuidacoches desapareció entre los automóviles que se apiñaban y hacían sonar sus bocinas. Pero alguien vio lo que pasaba y corrió a auxiliar al señor. Le abrió la mano y le tomó el pulso. Estaba muerto. Varios curiosos se juntaron.

           La moneda de diez pesos, desprendida de entre los dedos del señor, cayó a la vereda hasta perderse en una alcantarilla.

            Nadie se dio cuenta.

WASHINGTON BADO[1]

Nugas 3 8.jpg                                                      Una de las obras del escritor

[1] Autor uruguayo actual, de amplia actuación en la vida de su país. Le agradecemos su participación en este número y me hago el propósito de dedicar un número, en esta modesta publicación, a las letras uruguayas. [Radulfus]

 

 

BORIS DOVAL,

un recuerdo al revés

Doval fue mi amigo, tuve esa suerte. En sus últimos años vivió en un garage, cerca de Agüero y Solari (no doy calles exactas para evitar la procesión). Gustaba de llamarse “caballero punk”. Solía decir que se consideraba un poeta menor. Curiosamente, fue el mejor poeta vivo que tuvo Morón. Tal vez entre lo mejor y lo menor no haya diferencia.

El poema que comparto goza del beneficio de la brevedad. Y el de ser uno de sus textos más diplomáticos, por así decir. La imagen es concisa pero sensorial. Concreta y abstracta al mismo tiempo, entre la pobreza material y la sugerencia estética.

Con desamparos así, vale emprender el viaje.

    Leo Gramático

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EY

 

Cuando hace frío duermo vestido

me lo pide el cuerpo.

Me tapo con el capot de una Chevy

sobre unos ladrillos que acabo 

de calentar

prolijamente

con el pensamiento.

Desde la cama veo el noticiero

como si fuera una canción de cuna

desarreglada,

y cierro los ojos alegremente

pensando en una araña

que nadie debería matar.

BORIS DOVAL

 

 

ÉGLOGA

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Francis Albert Salicio (A.K.A. Frankie) persigue de techo en techo a Luigi Nemoroso (A.K.A. Lou).

Ya se han tirado todos los tiros y han tirado sus pistolas calientes y vacías. Ya se han arrojado estrellas ninja, puñales y hasta piedras encontradas en las terrazas. Pero ningún proyectil ha dado en el blanco y los dos siguen corriendo y saltando de casa en casa, de edificio en edificio. Frankie, hombre del FBI no tiene ningún interés personal en Lou, lo persigue por orden del jefe y Lou, un gangster a la antigua, no hace más que cumplir con el deber de escapar del otro.

Los dos han pasado los treinta. Los dos han recorrido muchas millas en los techos de Chicago y ya no tienen ganas de enfrentar estas maratones que pueden costarles la vida. Jadean, pero ninguno quiere ser el primero en decir que se rinde.

De puro cansados no se han dado cuenta de que las casas se han ido acabando, de que el verde de los árboles domina el paisaje.

Lou, que de tanto ver espacios entre construcciones, salta ante cualquier interrupción de la superficie donde corre, nota algo raro frente a sus pies, pero salta de nuevo. Aún agotado, el mafioso da el más largo de sus saltos. Mira alrededor: acaba de saltar un arroyo, de esos cantarinos, con bouquets de flores silvestres en las orillas y aguas transparentes que permiten ver las rocas del fondo, redondeadas por la caricia de la corriente.

En la otra orilla, Frankie ha decidido terminar con la persecución, se ha sacado la chaqueta, el sombrero y se ha tendido boca abajo sobre los tréboles. Lou lo imita, sólo que se tiende boca arriba y mastica un tallo que tiene gusto dulce.

Pasan en silencio unos minutos. Después Frankie dice con voz relajada: “¿Te conté alguna vez sobre Ruby, la mujer de hielo, más sorda que el mármol a mis reclamos?” “No, dice Lou, y me interesa esa historia. Cuando termines de contarme yo te voy a hablar de una mujer a la que yo llamaba Lili Marlene y que cuando se fue de este mundo, se llevó mi corazón en su bolso…”

Frankie empieza a hablar, Lou se sienta para escucharlo. Un ruiseñor aparece de alguna parte y le pone música de fondo a su relato. 

DANIEL FARA

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MINUCIAS MORONENSES

 

Un viaje algo jocoso

Empezaré por el final, pues un sábado, después de dar clase en nuestra Facultad, tuve que ir a Merlo. Lo hice en colectivo. Sentado admiraba el paisaje urbano; pero en el teléfono recibí este chascarrillo de parte de un profesor.

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Luego de esta buena broma, mi vista se topa con un taller mecánico de nombre Esteban Quito. Eres una persona joven, caro lector, y por ello no conoces este chiste más viejo que la ruda. En realidad su versión más completa es Armando Esteban Quito.

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No sé cuál es la vinculación pero tal vez debe buscarse en la capacidad de armar, una de las inherentes a un mecánico al modo de antes, sin tanta robótica.

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Un poco más adelante un cartel aconsejaba tomar la bebida Terma bien helada… lo cual tiene un pelín de contrasentido, pues θερμός, de donde sale termo, significa ‘caliente’ en griego.

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En fin, llegué a la estación de San Antonio de Padua y tomé el tren de vuelta al hogar. Termino con algo que repito siempre: ¿cómo se dice ferrocarril en latín? Pues podría ser currus ferreus o también raeda férrea, para citar solo dos formas.

Radulfus

Puentecito de la plaza

            Antes de entrar a clase paso por la llamada Plaza de la Cultura. No voy a negar que es linda pero los sábados se transforma en feria comercial y tal carácter cultural se pierde un poco. Hace dos o tres años supo haber una fuente. Cuando tomaba mi último examen en la Universidad, en diciembre, solía cruzar por el puente, me detenía a mitad del breve trayecto y, de espaldas, arrojaba una moneda en la fuente, a la manera de la gran fontana de Roma. Hacía esto como auspicio etrusco favorable, para poder volver, al año siguiente, a trabajar en la querida Universidad de Morón.

Nugas 3 16

Las monedas y la fuente… ¿qué se fizieron? Al menos quedó el modesto puentecito. El otro día pasé con mi habitual compañero de mesa, el Prof. Nicora, y le conté cuán mal me encontraba, porque no tiene sentido un puente sin agua y sin orillas. Pero Juan Carlos me dijo, poco más o menos, estas sabias palabras: “Pero Rolo, no te lo tomes así. Vos podés crear un sentido figurado. Por ejemplo, el puente te lleva desde el mundo de la calle, del tren, de las preocupaciones cotidianas, hasta el mundo humanístico de la Facultad.” Poco pude agregar. Tomamos juntos el currus ferreus y, después que él se bajó en Liniers, en mi block Geloso improvisé esta humilde copla.

Póns amíce, quí ferébas

                                   húnc homúnculúm ad áulam,

                                   fórtitér resíste aetáti,

                                   ómnia quáe sempér deiécit.

 

            Esto es, pido a mi puentecito moronense que resista el paso del tiempo, que todo lo doma.

Radulfus

 

Viaje en tren al oeste cercano

 

                                   Oh the lonely, lonely West!

                                   Oh the train across the fields!

                                   Here I have met good friends,

                                   really happy I am here.

                                                                                  John Singh

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Recuerdo del Dr. Segura

            Conocí hace unos veinte años al Dr. Segura. Muy poco supe de su vida. Me lo presentó en pasillos otro docente, que ya hace tiempo no da clases. Segura (nunca supe su nombre de pila: lo trataba como “doctor”) era sanjuanino y abogado. Trabajaba en la parte de asuntos legales de una obra social sindical y tenía un estudio en la zona de Congreso. Esto lo sé por viajes en tren compartidos y por encuentros casuales en el Edificio Central. Daba una materia que se llamaba algo así como Política de Desarrollo. Hace unos diez años su esposa me llamó para anoticiarme de su fallecimiento. Al parecer el Dr. Segura tuvo una muerte repentina. Como yo figuraba entre sus contactos, aunque su señora no me conocía, ella sin embargo llamaba a los números de la libreta telefónica de su marido, para que todos nos enteráramos de la triste noticia. Si fue triste para otros, literariamente tristísima para mí. Digo esto, porque casi siempre hablábamos de literatura. Era apasionado de Borges. Como lector de antes –sin duda tenía algún año más que este servidor– solía recitar de memoria largos y diversos textos poéticos. ¿Qué más puedo decir? Lo que dije: que lo extraño y que a veces me parece que lo encontraré por nuestros claustros.

Radulfus

Chascarrillos literarios

Me gustaría que cada número terminara con algunos chistecitos literarios (o quizá culturosos). Va el intento:

           ¿Quién es el poeta maldito más amigo de los perros y de las aves?

                                                         Bau del aire

Leo Grammaticus

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¿Cuál es el poeta más aburrido de todos?

Opiano, autor griego de la antigüedad.

                                                                       Radulfus

Nugas 3 19

 

…fin del número 3…

N° 2

NUGAS MORONENSES

< poemas y alguna otra cosa >

Nº 2

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Redacción

Radulfus

Leo Grammaticus

 

 

Moroniae

nº 2

 2019

Número en buena parte dedicado a lo griego y lo latino

 

 

ÍNDICE

Presentación                                                                                         

Radulfus. El mundo clásico en Morón                                            

Leo Gramaticus. Antioquía Liguria (poema)                                

Fernando Sorrentino. Esencia y atributo                                     

“Dira vi amoris teror” (poema medieval latino)                           

Silvia Noemí Fournier. Temor (poema)                                         

El soneto “La rosa” de Arturo Marasso                                           

Paula Tarancón. Arché (poema)                                                    

Nicolás Penón Sobero. Breve descripción de insignificante reflexión                                          

Minucias moronenses                                                                     

 

 

PRESENTACIÓN

            Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

            Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

                                                                                              RADULFUS

unnamed (1)

 

 

EL MUNDO CLÁSICO EN MORÓN

             Alguien dirá –no sin razón– que el título es muy tonto, porque el solo hecho de que se enseñen el griego y el latín hace de nuestra Universidad un pequeño palacio grecolatino. No obstante ello, creo que hay algo más. Exempli gratia, desde mi aula de inmensas ventanas veo altos edificios de ladrillo, los de la foto lejana de aquí abajo.

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¿Son para vivienda? Buena respuesta, pero mi carrera de Letras me hace imaginarlos templos paleocristianos. Alguno de ellos podría ser incluso un campanile de alguna iglesia, como  el del Duomo de Pisa.

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Pero hay otras identificaciones. La escuela cercana tiene (sé que poco y nada sé de arquitectura y de estilos) un aire colonial, con su techo de rojo. La foto nos muestra que el actual ha perdido sus tejas musleras y ostenta una plateada membrana antihumedad (quizá este vocablo no sea muy puro, pero mezcla griego con latín).

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Y pienso en la Στοά, o pórtico, de Atenas, donde Zenón el Estoico filosofaba.

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Y desde mi mesa veo tras las ventanas los vuelos en círculo de una golondrina, la Procne de la mitología, hermana de Filomela. En fin, nuestra Alma Mater nos obsequia con viajes a Grecia y Roma eternas.

RADULFUS

 

ANTIOQUÍA LIGURIA

 

Sé de muy buena fuente

que una vez

el emperador romano Calígula

nombró como senador

a un caballo.

 

Naturalmente

me refiero a la época

en que él

es decir, Calígula  –no el caballo

dialogaba con las estatuas.

 

Fue curioso

cuando el bajo presupuesto de la obra

terminó obligando

a que su psiquiatra

fuera también su hermana Drusila.

 

Para colmo

su principal historiador

resultó ser su padre

Germánico

quien había muerto en la guerra

siendo Calígula

un joven asno.

 

Vaya paradoja.

 

“Obras maravillosas de ingeniería”

o “acueductos robados”.

“Llámenlos

como quieran”, solía decir.

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                                                              LEO GRAMATICUS

 

 

ESENCIA Y ATRIBUTO

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El 25 de julio, al querer apretar la letra A, advertí en el meñique de mi mano izquierda una tenue verruga. El 27 me pareció considerablemente mayor. El 3 de agosto logré, con ayuda de una lupa, discernir su forma. Era una suerte de diminuto elefante: el elefante más pequeño del mundo, sí, pero un elefante cabal hasta en su ínfimo rasgo. Estaba adherido a mi dedo por la extremidad de su colita. Así, prisionero de mi meñique, gozaba, sin embargo, de libertad de movimientos, salvo que su traslación dependía por completo de mi voluntad.

Con orgullo, con temor, con dudas, lo exhibí ante mis amigos. Sintieron asco, dijeron que no podía ser bueno tener un elefante en el meñique, me aconsejaron consultar a un dermatólogo. Desprecié sus palabras, no consulté a nadie, rompí relaciones con ellos, me dediqué por entero a estudiar la evolución del elefante.

Hacia fines de agosto ya era un lindo elefantito gris, de la longitud de mi meñique, aunque bastante más voluminoso. Yo jugaba todo el día con él. A veces me complacía en fastidiarlo, en hacerle cosquillas, en enseñarle a dar volteretas y a saltar mínimos obstáculos: una cajita de fósforos, un sacapuntas, una goma de borrar.

En esa época me pareció oportuno bautizarlo. Pensé en varios nombres tontos y, en apariencia, tradicionalmente dignos de un elefante: Dumbo, Jumbo, Yumbo… Por último, ascéticamente, preferí llamarlo Elefante, a secas.

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Me encantaba alimentar a Elefante. Yo diseminaba sobre la mesa migas de pan, hojas de lechuga, trocitos de césped. Y, allá lejos, en el borde, un pedacito de chocolate. Elefante, entonces, pugnaba por llegar a su golosina. Pero, si yo ponía firme la mano, Elefante jamás podría alcanzarla. De este modo, yo ratificaba que Elefante no era más que una parte —y la más débil— de mí mismo.

Poco tiempo después —digamos, cuando Elefante había adquirido el tamaño de una rata— ya no pude gobernarlo con tanta facilidad. Mi meñique resultaba demasiado flaco para resistir sus ímpetus.

En ese entonces yo aún conservaba la idea errónea de que el fenómeno sólo consistía en el crecimiento de Elefante. Me desengañé cuando Elefante fue tan grande como un cordero: ese día también yo fui tan grande como un cordero.

Esa noche —y algunas más todavía— yo dormí boca abajo, con la mano izquierda fuera de la cama: en el suelo, a mi lado, dormía Elefante. Después debí dormir —boca abajo, mi cabeza en su grupa, mis pies en su lomo— sobre Elefante. Casi en seguida me resultó suficiente un fragmento de su anca. Después, la cola. Después, la puntita de la cola, donde yo sólo era una pequeña verruga, del todo imperceptible.

Entonces temí desaparecer, dejar de ser yo, ser un mero milímetro de la cola de Elefante. Luego perdí ese miedo, recobré el apetito. Aprendí a alimentarme con perdidas miguitas, con granos de alpiste, con briznas de pasto, con insectos casi microscópicos.

Claro que eso era antes. Ahora he vuelto a ocupar un espacio más digno en la cola de Elefante. Es cierto que aún soy aleatorio. Pero ya puedo apoderarme de galletitas enteras y contemplar —invisible, inexpugnable— ­a los visitantes del Jardín Zoológico.

A esta altura del proceso soy muy optimista. Sé que ha comenzado la reducción de Elefante. Por eso, me inspiran un anticipado sentimiento de superioridad los despreocupados paseantes que nos tiran golosinas, creyendo sólo en el obvio Elefante que tienen ante sí, sin sospechar que él no es más que un atributo futuro de la latente esencia que aún acecha, agazapada.

FERNANDO SORRENTINO [1]

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[1] El autor es un muy conocido narrador argentino actual. Publicó este cuento en: En defensa propia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982. Agradezco el permiso que me da para reproducirlo en este número. La razón de tal inclusión, además del valor del escrito, es que fue traducido al griego moderno, como lo muestra la foto arriba. Por otra parte, la palabra elefante es griega, ᾿ελέφας. [R.L.]

 

 

DIRA VI AMORIS TEROR

            Según veo en la Red, este poema es uno de los célebres Carmina Burana. No encontré una versión española (muy probablemente mi búsqueda sea muy incompleta). No obstante creo que es bueno poner a muy fácil disposición algo tan bello. Abajo va el texto latino y una traducción improvisada. [Radulfus]

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Dira vi amoris teror,                           Soy oprimido por cruel fuerza
et venereo axe vehor,                         de Amor y soy llevado por el eje
igne ferventi suffocatus.                    de Venus, sofocado por ardiente
Deme, pia, cruciatus.                          fuego. Quita, piadosa, mis tormentos.

Ignis vivi tu scintilla,                          Tú, centella de vivo fuego, que corres
discurrens cordis ad vexilla;             hasta los estandartes del corazón:
igni incumbens non pauxillo            sucumbí a fuego no pequeño
conclusi mentis te sigillo.                   y te encerré con el sello de mi mente.

Meret cor, quod gaudebat;               Triste está el corazón, que el
die, quo te cognoscebat,                    día que te conoció se alegraba:
singularem et pudicam                      singular y pudorosa
te adoptabat in amicam.                   te adoptaba como amiga.

Profert pectoris singultus                 da sollozos en su pecho
et mestitie tumultus,                          y tumultos de tristeza,
nam amoris tui vigor                         pues el vigor de tu amor
urget me, et illi ligor.                         me urge y me ligo a ella.

Virginale lilium,                                  Lirio virginal,
tuum praesta subsidium.                  dame tu ayuda.
Missus in exilium                               Quien fue enviado al exilio,
querit a te consilium.                         busca de ti consejo.

Nescit quid agat, moritur,                No sabe qué hacer, muere,
amore tui vehitur,                             es llevado por el amor a ti,
telo necatur Veneris                          es muerto por el dardo de Venus,
sibi ni subveneris.                             si no lo ayudas.

Iure Veneris orbata,                          Tú, privada del derecho de Venus,
castitas redintegrata,                        castidad renovada,
vultu decenti perornata,                  adornada con hermoso rostro,
veste sophie decorata,                      decorada por la veste de la sabiduría:

Psallo tibi soli,                                    voy a tañer para ti sola,
despicere me noli,                             no me desprecies,
per me precor velis coli,                   permite, te ruego, que te venere,
lucens ut stella poli.                          como a estrella luciente del cielo.

 

Nota

            Este poema tiene para mí varios enigmas, pues parece profano y parece como platónico, por así decir. Merece sin duda un estudio, que algunos habrán hecho. Invitamos al lector a adentrarse en tales misterios.

 

 

TEMOR

 

¿Qué tememos?  

Ese odio profundo, interminable,

ese sonido irritante, 

esa cadena lacerante,

el filo cortante del cuchillo

que nos asusta ente el inminente

dolor de la carne.

Ese temblor inquietante,

la sacudida imprevista de nuestra estructura endeble.

¿De qué huimos?

De esa mirada omnipresente,

esa fuerza incontenible que todo lo desnuda,

los secretos y miserias al descubierto, 

las ocultas trampas del pasado

que logramos impunes esquivar.

Huimos, corremos,

detrás de sombras ajenas

apuntamos con el índice el error en el espejo

que eludimos horrorizados porque es nuestro reflejo.

Seguimos corriendo sin aliento

buscando un hoyo que nos cubra

de la implacable verdad que nos deslumbra.

 

                                                           SILVIA NOEMÍ FOURNIER[1]

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[1] El presente número no está dedicado exclusivamente al mundo grecolatino; no obstante, el poema, sobre todo en su final, nos recuerda, en mi opinión, la lucha del héroe trágico que infructuosamente intentaba huir de su destino. [Radulfus]

 

 

LA ROSA

                        En el albor, al encenderse, duda

                        si es rosa o es estrella; se abre en breve

                        urna de oro y el rocío bebe,

                        de tanta sombra, al fin, ala desnuda.

 

                        Frente inclinada en el cristal, demuda

                        al día vario y a la brisa aleve;

                        el duro instante eternidad le debe

                        armado ya de la saeta aguda.

 

                        Tan fino esparce su cabello el viento,

                        despierta del callado encantamiento,

                        senda segura de su ser ahora;

 

                        ¡sutiles hebras, velos delicados,

                        con tus pies invisibles, cuántos prados

                        hallaste, cuántos prados de la aurora!

 

                                                                       ARTURO MARASSO

Pocos leen hoy a Marasso, gran escritor y académico. De una antología de sus poemas tomo este soneto que es un compendio de historia poética, que nos trae a Horacio, a Góngora, a Rubén y a tantas otras plumas de sensibilidad sublime, como la del propio Don Arturo (así lo llamaba mi padre, que trabajaba en Editorial Kapelusz y con cierta frecuencia lo veía). [R.L.]

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ARCHÉ

Claridad y silencio arrollador

Era lo único que había.

La calma que antecede

A la tempestad dormida.

Allí, lejano, un punto blanco brillaba,

Para luego desaparecer en la nada.

Mas luego, todo fue oscuridad y estruendo.

Y he allí el nuevo comienzo.

Que, a la espera de nuevos anhelos,

Sólo supo crear el cielo.

Para luego terminar durmiendo,

Otro profundo y largo sueño.

 

PAULA TARANCÓN

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BREVE DESCRIPCIÓN

DE INSIGNIFICANTE REFLEXIÓN

A mis profesores de clásicas;

 gracias  por la información constante

Humano, hūmānus; humildad, humilitās. Hum… hum… mmm…

¿Será? Google.

Ambas provienen del latín humus, tierra. Demasiada seguridad. Aunque tiene sentido. ¿Algo más fiable?

¿Tienen relación humano y humildad? ¿Página etimológica de Chile? ¿Estética web anclada en los ’90? Más confiable dije, gracias.

Mail. Buenas noches. Consulta.

La velocidad y certeza de la respuesta lo equipara, al menos, al buscador universal. Confirmación. Comentario. Material de consulta. Disparador de esta escritura.

Un diccionario. A ver, busquemos. Primer resultado, ¡excelente! Ernout y Meillet. Descargando. Eternos 5 minutos. Larguísimo archivo.

Detalle… francés (además del latín). ¿Manejo yo el francés? No. ¿Es un obstáculo? Importante. ¿Dejo de buscar? Nah.

Buscar-buscar… H. Humanus… nop. Homō. Sí. Blablaba… Está bien. Hūmānus, okey. In terriere, ahí va. Humilitās, sí, blabla. Humus. ¡Excelente!

El humilde es el humano, el (o la) que está en la tierra; algo así. Muy prolijo.

 

―Nota: algún día retomar estudios de lenguas clásicas, podría ser útil.

―Nota 2: ¿aprender francés? ¿Con qué tiempo? Conseguir buen diccionario francés-español.

―Metanota: escribir sobre el proceso de búsqueda, el proceso mental. Intentar ser gracioso. Al no lograrlo, incluir una reflexión en forma de nota. ¿Es esto un tercer nivel de escritura? Pensarlo. ¿Sigue sin ser gracioso?

NICOLÁS PENÓN SOBERO

 

 

 

MINUCIAS MORONENSES

Una fábula en Morón

Después de leer, con mis alumnos, la fábula de Píramo y Tisbe, en el libro IV de las Metamorfosis de Ovidio, pensé en las moreras de Morón. Sin duda hay muchas pero recuerdo solo dos. Una, en una calle, de cuyo nombre no puedo acordarme, que es como la cuarta paralela a la vía; la otra, la de la escuela de danza.

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   En la foto de la Red se nota que no es ni primavera ni verano, pues el árbol está pelado. Pero lo que importa es que en el intervalo de clase me corrí a buscar cuatro o cinco moras, tiradas en el piso. Las lavé y las comí, para cumplir con una suerte de homenaje a Ovidio. ¿Fue buen homenaje? Creo que sí, al menos por la intención, pues comí las moras rojas de la fábula, soy muy nasón… e imito a Ovidio en esto de improvisar, mutatis mutandis. En efecto, fui pensando en mi cabeza y, no bien volví al edificio central, me senté y anoté:

                        Móra rúbra legéns, poétam mémoro clárum:

                             ámicús malus súm, lúsor amóris, tibí.

            En este dístico acentual digo que, al gustar de algunas moras, me hago en cierto sentido amigo –un amigo de no muy buena calidad– del poeta de Sulmona.

Radulfus

 

 

Aquella célebre amada de Catulo

            ¿Qué estudiante de Letras no ha oído hablar de Lesbia, la amada de Catulo? Un querido alumno ha hecho algo más que recordarla en su memoria. La recuerda con su pluma.

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KLODIA

 

Miré en dirección opuesta

Y a través del río vi una ventana

Y sobre ella una figura femenina.

Pero estaba equivocado.

Allí no había tal ventana

Ni,

Por supuesto,

Una mujer cualquiera.

 

 

                                                                       Leo Gramaticus

 

 

Dístico camino a Morón

Una mañana, sentado en el tren, tomé mi pluma de ave y escribí un dístico acentual.

                        Gréssus téndebát ad fínem vír fatigátus:

                             ímmo láetus erát, cúm filiís futurús.

Lo cual quiere decir que un hombre fatigado se dirigía hacia su fin, dar clase; por el contrario, no fatigado sino alegre, porque iba a estar con sus hijos, sus alumnos.

[Radulfus]

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¡Qué jabón más caro!

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En el negocio de un museo de Roma me encuentro con esta rara pieza. No se llega a leer muy bien la chanza: “Me ne lavo le mani.” Me parece que el costo era de seis euros, lo cual es mucho para nosotros. O quizás no, porque nos da doble servicio: nos asea y nos lleva de viaje a la Roma eterna.

Radulfus

 

¡El eterno Partenón!

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En la foto previa puede verse el frente de un local de Haedo (Partido de Morón), el cual se llamaba «Partenon», en alusión a aquella edificación helena. Si bien no tuvo la perdurable vida del monumento griego, puede decirse que dicho negocio haedense, al igual que aquellas arcaicas arquitecturas, es lo que suele decirse: una ruina.

GRAMMATIKÓS

 

Un latín a la gorra

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El sábado pasado encontré, sobre un tacho de basura, la gorra de la foto. Ignoro si el logo (palabra griega) es de una marca comercial conocida. En todo caso tenemos unidas a Grecia y Roma: por el logo, que antes dije, y por sic itur ad astra, ‘así se va hacia los astros’. Entiendo que es una como variante de per aspera ad astra; vale decir, a lo importante se va a través del esfuerzo. Pero soy muy mal practicante de este refrán, porque no es mucho esfuerzo estar en la Universidad con mis colegas y mis alumnos.

Radulfus

 

Este sardinero no es griego

            Las sardinas son muy clásicas. Primero, vienen de Sardinia, Cerdeña. Además hay una marca que todos conocemos: Nereida.

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            Pero no acaba aquí la cosa, pues conozco unas portuguesas que se llaman Minerva. ¿Y qué te parecen estas de la foto, caro lector?

Radulfus

 

El caballo movedizo

            Un caballo de madera no puede moverse, creo yo (veremos qué dice la tecnología, que hoy hace cosas maravillosas). Pero el caballito de madera de mis amigos Claudia y Miguel, para moverse, debe ser movido por otros: no es un automóvil sino un heteromóvil. ¿A qué va toda esta perorata? Pues a que el Caballo de Troya hoy puede moverse, gracias a la tecnología. Más aún, siendo tan venerable, hasta puede ser tomado a broma. Intentaré encaminar mi descaminado pensamiento. No quiero aburrir con citas pero Eurípides en Las troyanas dice que Troya fue capturada ‘por madera argiva.’ ¿Dónde está la broma? En que la palabra griega δόρυ, ‘madera’, puede allí aplicarse a la del caballo… o a la de las lanzas de los argivos que estaban dentro de él, una suerte de “caballo preñado.” Pero te muestro, caro lector, el chascarrillo que recibí ayer.

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Es un chiste muy griego, tanto por lo homérico (en realidad el bromista fue un pelín ciego y rehén de su premura, porque el Homero que conocemos no nos contó la caída de Ilión) como por haberse viralizado. En efecto viralizar viene de virus, que en latín es veneno y está emparentada con el griego ἰός, La única cosa clara es que debería yo  ser ajusticiado por alguno de los héroes homéricos, porque molesto a los lectores con semejante tontería.

Radulfus

N° 1

NUGAS MORONENSES

< poemas y alguna otra cosa >

Nº 1

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Redacción

Radulfus

 

Moroniae

nº 1

 2018

 

 

ÍNDICE

Presentación

Radulfus. Un lugar salteño en Morón

Gramatike. Los buenos vecinos (poema)

Silvia Noemí Fournier. Volver (poema)

Un poema de Hamlet Lima Quintana

La foto de este número

Varia       

 

 

PRESENTACIÓN

Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.

Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.

RADULFUS

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UN LUGAR SALTEÑO EN MORÓN

Cruza la vía del tren la calle Salta. Como salteño que soy, no es raro que la camine con gozo especial.

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¿Pero qué parecido tiene esta Salta Moroniensis con la Salta de Salta? En mi imaginación, más de uno. Por ejemplo, un sábado, en el intervalo de clase, tuve que ir a sacar una fotocopia y llovía a mares, a tal punto que la calle en cuestión se transformó en un río. En otras palabras, si la Universidad oficiaba de cerro, se formó una pequeña quebrada de San Lorenzo. Por otro lado, en la calle de la estación hay una casa de música, especializada en vinilos y en discos viejos. Y allí, al lado de la fotocopiadora, encontré, mientras esperaba, uno de El Chango Nieto. Últimamente dudo en ese tipo de compras, porque nada me cabe en casa. No obstante, cerré los ojos, pagué y me lo llevé.

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Pero en Morón no hay cerros, como hay en Salta. Es verdad, pero ya dije que el edificio central de la Universidad, además de parecerse a un mangrullo (eso dice su escudo) es para mí un cerro San Bernardo. Más aún, a unos cincuenta metros de donde estaba, me quitó de mis meditaciones un montículo de tierra, por una obra en construcción. Puedes comprender, lector amigo, que mi desastrada imaginación lo transformó en un cerrillo… y me acordé de mi visita a Cerrillos, patria chica de Castilla; y pensé en La cerrillana, del gran Marcos Tames.

            ¿Cómo olvidarte Cerrillos, 
            si por tu culpa tengo mujer? 
            Morena cerrillana, 
            con alma y vida te cantaré.

Criticarás mi tres veces loca fantasía… pero debes admitir que no fue un mal recuerdo salteño. Pero algo le faltaba a la calle, para ser cabalmente salteña. Me refiero a una copla, porque los salteños somos copleros. Y pasó por allí una señora de muy buen ver, la cual, para mi sorpresa, me saludó: Cecilia –tal su nombre– había sido alumna mía allá por los ’80, en el subsuelo del edificio central. Le expliqué mi situación y le pedí que tolerara una cuarteta improvisada por un Saltensis.

           Estoy lejos de mi Salta

           y estoy en la misma Salta:

           tu bello rostro, mi bien,

           lleva a los cerros mi alma.

En fin, desde aquel día tengo para mí que la calle de Morón es una pequeña Salta. Y, así como se suele decir “en Pampa y la vía”, varias veces camino por ahí lleno de nostalgia, en Salta y la vía.

RADULFUS

 

 

 

LOS BUENOS VECINOS

Tienen sus años.
Pero son jóvenes de corazón.

No viven cerca.
La proximidad, dicen
pasa por otro lado.

Te invitan a entrar
sin conocerte
y con sólo decir
que venís de parte de Juan.

El jardín de los buenos vecinos
suele resplandecer
de árboles y pasto verde
recién cortado
aunque lo mejor es reservado
al interior.

Allí se sonríe poco
pero verdaderamente
y nunca se llega a conocerlos
si no es en busca
de justicia para el barrio.

Discretos y sensibles
los buenos vecinos
pasan desapercibidos
en esquinas anónimas.

Su hogar es agradable
como un pequeño país
que algún día
nos gustaría visitar.

                                                                       GRAMATIKE[1]

 

[1] Este inspirado poeta gusta mucho de usar seudónimos diversos. Muchas veces los escribe al margen justamente de las reglas gramaticales. Respetamos su decisión y dejamos que disfrutes de sus versos, caro lector. [Radulfus]

 

 

 

VOLVER

Volví como se vuelve de la guerra:

con las manos vacías y el corazón desierto, 

con los ojos secos, la garganta quebrada

y los pasos lentos, transformada en roca.

Volví como se vuelve del silencio:

con la mente clara y el tiempo detenido.

Volví como se vuelve de la muerte:

con la certeza plena, con los ojos abiertos

y la serena seguridad de lo eterno.

Volví como vuelven los inmigrantes:

con la esperanza a cuestas y las ilusiones rotas.

Encontré como antes la casa quieta,

el jardín desierto y la ausencia.

Recorrí despacio las habitaciones,

recordé el aroma en la cocina, 

las tardes de sonrisas,

el color desgastado de las paredes:

son ahora cascaras vacías de viejos sueños.

Y entonces, como antes, cargué mis recuerdos a cuestas

y me fui como se marcha de un derrumbe:

con  el paso lento y la mirada seca.

SILVIA NOEMÍ FOURNIER[1]

[1] Me es imposible no asociar estos bellos versos con “La vuelta al hogar”, de Olegario Víctor Andrade: “Todo está como era entonces: / la casa, la calle, el río.” [Radulfus]

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LOS PUEBLOS DE GESTO ANTIGUO

Me gustan los pueblos chicos de gesto antiguo

con gente que da la mano y saluda al sol,

que sabe ganar la vida y ganar la muerte.

Allá me voy a vivir

con gente que planta un árbol y enciende amor.

 

Me iré por aquel camino que lleva al pueblo

que crece entre la ternura que da el maíz.

Me iré con la lucha a cuestas y el alma abierta.

Allá me voy a vivir

con toda la fuerza antigua de mi raíz.

 

La gente estará cantando la vida nueva

que está creciendo en los pueblos chicos:

los pueblos de gesto antiguo

con gente que da la mano.

 

Me voy a cantar con ellos hasta que el alba

rocíe el campo de aroma puro,

sencillo como la lluvia,

profundo como la paz.

 

Los pueblos de gesto antiguo se dan la mano,

los pueblos se dan la mano para vencer,

los pueblos que van creciendo como los vientos.

Allá me voy a vivir

en ese pueblo tan chico que va a nacer.

 

                                                           HAMLET LIMA QUINTANA [1]

[1] El autor de Zamba para no morir nació en Morón. No tengo poemas de él impresos. Acudí entonces a la Red. Me gustó este. Creo que un humilde aporte que hago es intentar mejorar la puntuación y la ortografía. [Radulfus]

 

 

 

LA FOTO DE ESTE NÚMERO

En esta sección esperamos dar a conocer, de a poco, fotos de cosas relacionadas con Morón y con el oeste. Quizás las relaciones entre la foto y el oeste sean algo peregrinas. Puede ser, pero estamos facultados, como literatos, a alterar la realidad.

Radulfus

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En la calle Cabildo, en frente del edificio central de la Universidad, hay una librería que, además de artículos escolares, vende libros. Más de una vez compré alguno. Recuerdo muy feliz aquel día en que me topé con Zoología lírica, del uruguayo Juan Burghi, el poeta de las aves y del campo. [Radulfus]

 

 

 

VARIA

El gentilicio de Morón

La Red me dice que el gentilicio de Morón es moronense. No lo discuto pero tiempo atrás me pregunté cómo se diría Morón en latín. Encontré por ahí Moron,onis, por la tercera declinación. Tampoco lo discutiré pero para mi uso prefiero Moronia (como Bostonia). En suma, empleo tanto moronense como moroniense. Más allá de mi práctica, el escudo del partido tiene su latín ya designado, como abajo ves, carísimo amigo  lector. [Radulfus]

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El escudo de la Universidad

            Disto mucho de ser experto en heráldica. Mi desconocimiento me impide interpretar el escudo de la Universidad de Morón. Lo único que haré es dar mi muy humilde percepción al respecto. Empiezo por el mundo antiguo, pues hay una suerte de antorcha olímpica. Ya sabemos que la educación griega se basaba en la música y en la gimnasia (tomando ambos términos en un sentido muy amplio. Una corona, que creo es de laurel, también provendría de la antigüedad clásica. El motto latino se traduce ‘Por la libertad y la justicia.’

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Pero me impresiona el fuerte, que interpreto de modo muy personal: la Universidad de Morón ha sido durante cuarenta años mi casa, mi lugar seguro, donde estoy a gusto, con los alumnos, los colegas y las autoridades. [Radulfus]

 

 

Epigrama

Talla tu poema como si fuese una roca.

Será indestructible.

Pero estará muerto.

Leo Gramaticus

roca

 

 

 

Morón en portugués

Al principio nomás de “La intrusa”, de Borges, es mencionado “el partido de Morón.” Pues bien, me envanezco de ser amigo del gran poeta brasileño Luciano Maia, de Fortaleza. Su hermano Virgílio Maia, también poeta, hizo una versión al portugués de “La intrusa.” ¿Y cómo llama allí a Morón? Leamos:

                                   Improvável, mas dizem

                                   que esta história foi contada

                                   por Eduardo, o mais moço

                                   dos Nilsen, quando velava

                                   o corpo de Cristiano,

                                   o mais velho, que quedaba

                                   no lugar Monte Pequeño.

“Monte Pequeño” o “Morón”; “Nilsen” o “Nelson.” En fin, el gran escritor conquistó muchas fronteras.

Radulfus

maia