NUGAS MORONENSES
< poemas y alguna otra cosa >
Nº 2

Redacción
Radulfus
Leo Grammaticus
Moroniae
nº 2
2019
Número en buena parte dedicado a lo griego y lo latino
ÍNDICE
Presentación
Radulfus. El mundo clásico en Morón
Leo Gramaticus. Antioquía Liguria (poema)
Fernando Sorrentino. Esencia y atributo
“Dira vi amoris teror” (poema medieval latino)
Silvia Noemí Fournier. Temor (poema)
El soneto “La rosa” de Arturo Marasso
Paula Tarancón. Arché (poema)
Nicolás Penón Sobero. Breve descripción de insignificante reflexión
Minucias moronenses
PRESENTACIÓN
Desde 1981 vengo a Morón a cumplir tareas docentes. No me ha pesado mucho tal ocupación, pues he conocido a colegas y a alumnos muy buenos, como estudiosos y como personas. Pero debo acusarme de no haber conocido casi Morón. Dicen que con frecuencia no se tiene interés en visitar el lugar donde se trabaja: uno termina y va a gozar de la paz del hogar. Quizás sea el momento de empezar a remediar la falta.
Mientras tanto intento aquí dar forma escrita a cosas sueltas y desordenadas. Quizás algún otro se anime a acompañarme en este librito, que se ocupará de Morón y quizás de algunos lugares vecinos.
RADULFUS

EL MUNDO CLÁSICO EN MORÓN
Alguien dirá –no sin razón– que el título es muy tonto, porque el solo hecho de que se enseñen el griego y el latín hace de nuestra Universidad un pequeño palacio grecolatino. No obstante ello, creo que hay algo más. Exempli gratia, desde mi aula de inmensas ventanas veo altos edificios de ladrillo, los de la foto lejana de aquí abajo.

¿Son para vivienda? Buena respuesta, pero mi carrera de Letras me hace imaginarlos templos paleocristianos. Alguno de ellos podría ser incluso un campanile de alguna iglesia, como el del Duomo de Pisa.

Pero hay otras identificaciones. La escuela cercana tiene (sé que poco y nada sé de arquitectura y de estilos) un aire colonial, con su techo de rojo. La foto nos muestra que el actual ha perdido sus tejas musleras y ostenta una plateada membrana antihumedad (quizá este vocablo no sea muy puro, pero mezcla griego con latín).

Y pienso en la Στοά, o pórtico, de Atenas, donde Zenón el Estoico filosofaba.

Y desde mi mesa veo tras las ventanas los vuelos en círculo de una golondrina, la Procne de la mitología, hermana de Filomela. En fin, nuestra Alma Mater nos obsequia con viajes a Grecia y Roma eternas.
RADULFUS
ANTIOQUÍA LIGURIA
Sé de muy buena fuente
que una vez
el emperador romano Calígula
nombró como senador
a un caballo.
Naturalmente
me refiero a la época
en que él
es decir, Calígula –no el caballo
dialogaba con las estatuas.
Fue curioso
cuando el bajo presupuesto de la obra
terminó obligando
a que su psiquiatra
fuera también su hermana Drusila.
Para colmo
su principal historiador
resultó ser su padre
Germánico
quien había muerto en la guerra
siendo Calígula
un joven asno.
Vaya paradoja.
“Obras maravillosas de ingeniería”
o “acueductos robados”.
“Llámenlos
como quieran”, solía decir.

LEO GRAMATICUS
ESENCIA Y ATRIBUTO

El 25 de julio, al querer apretar la letra A, advertí en el meñique de mi mano izquierda una tenue verruga. El 27 me pareció considerablemente mayor. El 3 de agosto logré, con ayuda de una lupa, discernir su forma. Era una suerte de diminuto elefante: el elefante más pequeño del mundo, sí, pero un elefante cabal hasta en su ínfimo rasgo. Estaba adherido a mi dedo por la extremidad de su colita. Así, prisionero de mi meñique, gozaba, sin embargo, de libertad de movimientos, salvo que su traslación dependía por completo de mi voluntad.
Con orgullo, con temor, con dudas, lo exhibí ante mis amigos. Sintieron asco, dijeron que no podía ser bueno tener un elefante en el meñique, me aconsejaron consultar a un dermatólogo. Desprecié sus palabras, no consulté a nadie, rompí relaciones con ellos, me dediqué por entero a estudiar la evolución del elefante.
Hacia fines de agosto ya era un lindo elefantito gris, de la longitud de mi meñique, aunque bastante más voluminoso. Yo jugaba todo el día con él. A veces me complacía en fastidiarlo, en hacerle cosquillas, en enseñarle a dar volteretas y a saltar mínimos obstáculos: una cajita de fósforos, un sacapuntas, una goma de borrar.
En esa época me pareció oportuno bautizarlo. Pensé en varios nombres tontos y, en apariencia, tradicionalmente dignos de un elefante: Dumbo, Jumbo, Yumbo… Por último, ascéticamente, preferí llamarlo Elefante, a secas.
Me encantaba alimentar a Elefante. Yo diseminaba sobre la mesa migas de pan, hojas de lechuga, trocitos de césped. Y, allá lejos, en el borde, un pedacito de chocolate. Elefante, entonces, pugnaba por llegar a su golosina. Pero, si yo ponía firme la mano, Elefante jamás podría alcanzarla. De este modo, yo ratificaba que Elefante no era más que una parte —y la más débil— de mí mismo.
Poco tiempo después —digamos, cuando Elefante había adquirido el tamaño de una rata— ya no pude gobernarlo con tanta facilidad. Mi meñique resultaba demasiado flaco para resistir sus ímpetus.
En ese entonces yo aún conservaba la idea errónea de que el fenómeno sólo consistía en el crecimiento de Elefante. Me desengañé cuando Elefante fue tan grande como un cordero: ese día también yo fui tan grande como un cordero.
Esa noche —y algunas más todavía— yo dormí boca abajo, con la mano izquierda fuera de la cama: en el suelo, a mi lado, dormía Elefante. Después debí dormir —boca abajo, mi cabeza en su grupa, mis pies en su lomo— sobre Elefante. Casi en seguida me resultó suficiente un fragmento de su anca. Después, la cola. Después, la puntita de la cola, donde yo sólo era una pequeña verruga, del todo imperceptible.
Entonces temí desaparecer, dejar de ser yo, ser un mero milímetro de la cola de Elefante. Luego perdí ese miedo, recobré el apetito. Aprendí a alimentarme con perdidas miguitas, con granos de alpiste, con briznas de pasto, con insectos casi microscópicos.
Claro que eso era antes. Ahora he vuelto a ocupar un espacio más digno en la cola de Elefante. Es cierto que aún soy aleatorio. Pero ya puedo apoderarme de galletitas enteras y contemplar —invisible, inexpugnable— a los visitantes del Jardín Zoológico.
A esta altura del proceso soy muy optimista. Sé que ha comenzado la reducción de Elefante. Por eso, me inspiran un anticipado sentimiento de superioridad los despreocupados paseantes que nos tiran golosinas, creyendo sólo en el obvio Elefante que tienen ante sí, sin sospechar que él no es más que un atributo futuro de la latente esencia que aún acecha, agazapada.
FERNANDO SORRENTINO [1]

[1] El autor es un muy conocido narrador argentino actual. Publicó este cuento en: En defensa propia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982. Agradezco el permiso que me da para reproducirlo en este número. La razón de tal inclusión, además del valor del escrito, es que fue traducido al griego moderno, como lo muestra la foto arriba. Por otra parte, la palabra elefante es griega, ᾿ελέφας. [R.L.]
DIRA VI AMORIS TEROR
Según veo en la Red, este poema es uno de los célebres Carmina Burana. No encontré una versión española (muy probablemente mi búsqueda sea muy incompleta). No obstante creo que es bueno poner a muy fácil disposición algo tan bello. Abajo va el texto latino y una traducción improvisada. [Radulfus]

Dira vi amoris teror, Soy oprimido por cruel fuerza
et venereo axe vehor, de Amor y soy llevado por el eje
igne ferventi suffocatus. de Venus, sofocado por ardiente
Deme, pia, cruciatus. fuego. Quita, piadosa, mis tormentos.
Ignis vivi tu scintilla, Tú, centella de vivo fuego, que corres
discurrens cordis ad vexilla; hasta los estandartes del corazón:
igni incumbens non pauxillo sucumbí a fuego no pequeño
conclusi mentis te sigillo. y te encerré con el sello de mi mente.
Meret cor, quod gaudebat; Triste está el corazón, que el
die, quo te cognoscebat, día que te conoció se alegraba:
singularem et pudicam singular y pudorosa
te adoptabat in amicam. te adoptaba como amiga.
Profert pectoris singultus da sollozos en su pecho
et mestitie tumultus, y tumultos de tristeza,
nam amoris tui vigor pues el vigor de tu amor
urget me, et illi ligor. me urge y me ligo a ella.
Virginale lilium, Lirio virginal,
tuum praesta subsidium. dame tu ayuda.
Missus in exilium Quien fue enviado al exilio,
querit a te consilium. busca de ti consejo.
Nescit quid agat, moritur, No sabe qué hacer, muere,
amore tui vehitur, es llevado por el amor a ti,
telo necatur Veneris es muerto por el dardo de Venus,
sibi ni subveneris. si no lo ayudas.
Iure Veneris orbata, Tú, privada del derecho de Venus,
castitas redintegrata, castidad renovada,
vultu decenti perornata, adornada con hermoso rostro,
veste sophie decorata, decorada por la veste de la sabiduría:
Psallo tibi soli, voy a tañer para ti sola,
despicere me noli, no me desprecies,
per me precor velis coli, permite, te ruego, que te venere,
lucens ut stella poli. como a estrella luciente del cielo.
Nota
Este poema tiene para mí varios enigmas, pues parece profano y parece como platónico, por así decir. Merece sin duda un estudio, que algunos habrán hecho. Invitamos al lector a adentrarse en tales misterios.
TEMOR
¿Qué tememos?
Ese odio profundo, interminable,
ese sonido irritante,
esa cadena lacerante,
el filo cortante del cuchillo
que nos asusta ente el inminente
dolor de la carne.
Ese temblor inquietante,
la sacudida imprevista de nuestra estructura endeble.
¿De qué huimos?
De esa mirada omnipresente,
esa fuerza incontenible que todo lo desnuda,
los secretos y miserias al descubierto,
las ocultas trampas del pasado
que logramos impunes esquivar.
Huimos, corremos,
detrás de sombras ajenas
apuntamos con el índice el error en el espejo
que eludimos horrorizados porque es nuestro reflejo.
Seguimos corriendo sin aliento
buscando un hoyo que nos cubra
de la implacable verdad que nos deslumbra.
SILVIA NOEMÍ FOURNIER[1]

[1] El presente número no está dedicado exclusivamente al mundo grecolatino; no obstante, el poema, sobre todo en su final, nos recuerda, en mi opinión, la lucha del héroe trágico que infructuosamente intentaba huir de su destino. [Radulfus]
LA ROSA
En el albor, al encenderse, duda
si es rosa o es estrella; se abre en breve
urna de oro y el rocío bebe,
de tanta sombra, al fin, ala desnuda.
Frente inclinada en el cristal, demuda
al día vario y a la brisa aleve;
el duro instante eternidad le debe
armado ya de la saeta aguda.
Tan fino esparce su cabello el viento,
despierta del callado encantamiento,
senda segura de su ser ahora;
¡sutiles hebras, velos delicados,
con tus pies invisibles, cuántos prados
hallaste, cuántos prados de la aurora!
ARTURO MARASSO
Pocos leen hoy a Marasso, gran escritor y académico. De una antología de sus poemas tomo este soneto que es un compendio de historia poética, que nos trae a Horacio, a Góngora, a Rubén y a tantas otras plumas de sensibilidad sublime, como la del propio Don Arturo (así lo llamaba mi padre, que trabajaba en Editorial Kapelusz y con cierta frecuencia lo veía). [R.L.]

ARCHÉ
Claridad y silencio arrollador
Era lo único que había.
La calma que antecede
A la tempestad dormida.
Allí, lejano, un punto blanco brillaba,
Para luego desaparecer en la nada.
Mas luego, todo fue oscuridad y estruendo.
Y he allí el nuevo comienzo.
Que, a la espera de nuevos anhelos,
Sólo supo crear el cielo.
Para luego terminar durmiendo,
Otro profundo y largo sueño.
PAULA TARANCÓN

BREVE DESCRIPCIÓN
DE INSIGNIFICANTE REFLEXIÓN
A mis profesores de clásicas;
gracias por la información constante
Humano, hūmānus; humildad, humilitās. Hum… hum… mmm…
¿Será? Google.
Ambas provienen del latín humus, tierra. Demasiada seguridad. Aunque tiene sentido. ¿Algo más fiable?
¿Tienen relación humano y humildad? ¿Página etimológica de Chile? ¿Estética web anclada en los ’90? Más confiable dije, gracias.
Mail. Buenas noches. Consulta.
La velocidad y certeza de la respuesta lo equipara, al menos, al buscador universal. Confirmación. Comentario. Material de consulta. Disparador de esta escritura.
Un diccionario. A ver, busquemos. Primer resultado, ¡excelente! Ernout y Meillet. Descargando. Eternos 5 minutos. Larguísimo archivo.
Detalle… francés (además del latín). ¿Manejo yo el francés? No. ¿Es un obstáculo? Importante. ¿Dejo de buscar? Nah.
Buscar-buscar… H. Humanus… nop. Homō. Sí. Blablaba… Está bien. Hūmānus, okey. In terriere, ahí va. Humilitās, sí, blabla. Humus. ¡Excelente!
El humilde es el humano, el (o la) que está en la tierra; algo así. Muy prolijo.
―Nota: algún día retomar estudios de lenguas clásicas, podría ser útil.
―Nota 2: ¿aprender francés? ¿Con qué tiempo? Conseguir buen diccionario francés-español.
―Metanota: escribir sobre el proceso de búsqueda, el proceso mental. Intentar ser gracioso. Al no lograrlo, incluir una reflexión en forma de nota. ¿Es esto un tercer nivel de escritura? Pensarlo. ¿Sigue sin ser gracioso?
NICOLÁS PENÓN SOBERO
MINUCIAS MORONENSES
Una fábula en Morón
Después de leer, con mis alumnos, la fábula de Píramo y Tisbe, en el libro IV de las Metamorfosis de Ovidio, pensé en las moreras de Morón. Sin duda hay muchas pero recuerdo solo dos. Una, en una calle, de cuyo nombre no puedo acordarme, que es como la cuarta paralela a la vía; la otra, la de la escuela de danza.

En la foto de la Red se nota que no es ni primavera ni verano, pues el árbol está pelado. Pero lo que importa es que en el intervalo de clase me corrí a buscar cuatro o cinco moras, tiradas en el piso. Las lavé y las comí, para cumplir con una suerte de homenaje a Ovidio. ¿Fue buen homenaje? Creo que sí, al menos por la intención, pues comí las moras rojas de la fábula, soy muy nasón… e imito a Ovidio en esto de improvisar, mutatis mutandis. En efecto, fui pensando en mi cabeza y, no bien volví al edificio central, me senté y anoté:
Móra rúbra legéns, poétam mémoro clárum:
ámicús malus súm, lúsor amóris, tibí.
En este dístico acentual digo que, al gustar de algunas moras, me hago en cierto sentido amigo –un amigo de no muy buena calidad– del poeta de Sulmona.
Radulfus
Aquella célebre amada de Catulo
¿Qué estudiante de Letras no ha oído hablar de Lesbia, la amada de Catulo? Un querido alumno ha hecho algo más que recordarla en su memoria. La recuerda con su pluma.

KLODIA
Miré en dirección opuesta
Y a través del río vi una ventana
Y sobre ella una figura femenina.
Pero estaba equivocado.
Allí no había tal ventana
Ni,
Por supuesto,
Una mujer cualquiera.
Leo Gramaticus
Dístico camino a Morón
Una mañana, sentado en el tren, tomé mi pluma de ave y escribí un dístico acentual.
Gréssus téndebát ad fínem vír fatigátus:
ímmo láetus erát, cúm filiís futurús.
Lo cual quiere decir que un hombre fatigado se dirigía hacia su fin, dar clase; por el contrario, no fatigado sino alegre, porque iba a estar con sus hijos, sus alumnos.
[Radulfus]

¡Qué jabón más caro!

En el negocio de un museo de Roma me encuentro con esta rara pieza. No se llega a leer muy bien la chanza: “Me ne lavo le mani.” Me parece que el costo era de seis euros, lo cual es mucho para nosotros. O quizás no, porque nos da doble servicio: nos asea y nos lleva de viaje a la Roma eterna.
Radulfus
¡El eterno Partenón!

En la foto previa puede verse el frente de un local de Haedo (Partido de Morón), el cual se llamaba «Partenon», en alusión a aquella edificación helena. Si bien no tuvo la perdurable vida del monumento griego, puede decirse que dicho negocio haedense, al igual que aquellas arcaicas arquitecturas, es lo que suele decirse: una ruina.
GRAMMATIKÓS
Un latín a la gorra

El sábado pasado encontré, sobre un tacho de basura, la gorra de la foto. Ignoro si el logo (palabra griega) es de una marca comercial conocida. En todo caso tenemos unidas a Grecia y Roma: por el logo, que antes dije, y por sic itur ad astra, ‘así se va hacia los astros’. Entiendo que es una como variante de per aspera ad astra; vale decir, a lo importante se va a través del esfuerzo. Pero soy muy mal practicante de este refrán, porque no es mucho esfuerzo estar en la Universidad con mis colegas y mis alumnos.
Radulfus
Este sardinero no es griego
Las sardinas son muy clásicas. Primero, vienen de Sardinia, Cerdeña. Además hay una marca que todos conocemos: Nereida.

Pero no acaba aquí la cosa, pues conozco unas portuguesas que se llaman Minerva. ¿Y qué te parecen estas de la foto, caro lector?
Radulfus
El caballo movedizo
Un caballo de madera no puede moverse, creo yo (veremos qué dice la tecnología, que hoy hace cosas maravillosas). Pero el caballito de madera de mis amigos Claudia y Miguel, para moverse, debe ser movido por otros: no es un automóvil sino un heteromóvil. ¿A qué va toda esta perorata? Pues a que el Caballo de Troya hoy puede moverse, gracias a la tecnología. Más aún, siendo tan venerable, hasta puede ser tomado a broma. Intentaré encaminar mi descaminado pensamiento. No quiero aburrir con citas pero Eurípides en Las troyanas dice que Troya fue capturada ‘por madera argiva.’ ¿Dónde está la broma? En que la palabra griega δόρυ, ‘madera’, puede allí aplicarse a la del caballo… o a la de las lanzas de los argivos que estaban dentro de él, una suerte de “caballo preñado.” Pero te muestro, caro lector, el chascarrillo que recibí ayer.

Es un chiste muy griego, tanto por lo homérico (en realidad el bromista fue un pelín ciego y rehén de su premura, porque el Homero que conocemos no nos contó la caída de Ilión) como por haberse viralizado. En efecto viralizar viene de virus, que en latín es veneno y está emparentada con el griego ἰός, La única cosa clara es que debería yo ser ajusticiado por alguno de los héroes homéricos, porque molesto a los lectores con semejante tontería.
Radulfus

